ANSIA
Índice interno:
1. Definición y caracteres ·
2. Las crisis ansiosas en las personas normales ·
3. La ansia en los estados depresivos ·
4. Consideraciones terapéuticas y morales ·
1. Definición y caracteres Es un fenómeno emotivo, una turbación penosa de la afectividad que se asocia frecuentemente con los estados depresivos, pero que puede presentarse también aisladamente. Se exterioriza en un sentimiento desagradable de inquietud y de intranquilidad al que acompañan un aumento de frecuencia en los movimientos respiratorios —separados tan sólo por profundas inspiraciones (suspiros)—, taquicardia, una sensación especial de apretura en el corazón (angustia precordial) y de opresión en el epigastrio; fenómenos que manifiestan una condición de morboso eretismo ortosimpático. La inapetencia, el insomnio o las pesadillas, la hipotonía muscular y una sensación de astenia general suelen acompañarla.
2. Las crisis ansiosas en las personas normales Esta perturbación puede presentarse en las personas normales, pero es ligera y de breve duración, y depende de preocupaciones graves o de contrastes afectivos que no pueden desembocar en acciones resolutivas y liberadoras. A veces —en estos mismos sujetos normales y como manifestación más fugaz aún— la crisis ansiosa parece inmotivada: en tales casos se ha de juzgar —con los psicoanalistas— que ésta es la expresión de un conflicto inconsciente y denuncia la falta de control por parte del Yo de los impulsos agresivos, o también que se trata de una resonancia disfórica de fondo vegetopático, es decir, de la sensación subjetiva —aunque acaso vaga— de un desequilibrio neurovegetativo repentino y transitorio.
3. La ansia en los estados depresivos Más frecuentemente, como ya hemos señalado, se verifica la ansia en los estados depresivos, en la melancolía (v.); en estos casos la tensión emotiva de la espera de una amenaza indefinida que gravita sobre el espíritu del enfermo sumergido en un tumulto de ideas desesperadamente tristes y desgarrado por el dolor psíquico, se descarga en acciones motoras sin tregua —contorsiones de los dedos, paseos interminables por la habitación, etc.—; el desasosiego puede llegar a motivar disparos violentos y autolesivos que a veces llegan hasta el suicidio (melancolía ansiosa y rapto melancólico). También pueden darse en otras formas morbosas —como son la epilepsia y la esquizofrenia— crisis repentinas y violentas de angustia aparentemente sin motivo, cuyo origen se encuentra tal vez en un desorden neurovegetativo. En cambio, en los psicasténicos los frecuentes episodios ansiosos han de atribuirse más bien a la condición de disgusto, degradación y sufrimiento en que se consideran por causas de sus ideas obsesivas de las cuales no logran evadirse.
4. Consideraciones terapéuticas y morales El diagnóstico y tratamiento exacto y solícito del ansia es muy importante, aun por el hecho de que puede mantener o favorecer los más variados desarreglos en las funciones orgánicas. El opio, la ergotamina, el electroshock, los rayos ultravioleta y la psicoterapia son buenos remedios habitualmente contra los estados ansiosos. Los preparados a base de estricnina —que parecerían indicados para combatir la astenia— son por el contrario contraindicados por ser extraordinariamente ansiógenos. Desde el punto de vista ético la perturbación mental que acompaña la crisis de ansia es causa de una disminución en la imputabilidad de los actos humanos, aun cuando no llegue casi nunca a la irresponsabilidad absoluta de los mismos. Con este criterio se ha de valorar en cada caso la moralidad de las acciones durante el estado ansioso. Riz.
Bibliografía
E. Bleuler, Lehrbuch der Psychiatrie , Berlín, 1937
E. Weiss y O. S. English, Medicina Psicosomática , Roma, 1950.