Diccionario de Teología Dogmática

Pietro Parente (P. P.)

VOLUNTAD (divina)

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Es el apetito racional, o sea, la facultad de tender al bien conocido por el entendimiento como tal. Donde hay inteligencia, hay voluntad, estando ordenada inseparablemente la una a la otra: se conoce para amar y se ama para integrar la perfección de la naturaleza propia. El objeto de la voluntad es el bien, es decir, el ente en cuanto es perfectivo del sujeto que tiende a él.

Es de fe que hay en Dios voluntad, y voluntad infinita, como es la naturaleza divina con la cual se identifica (Conc. Vatic., Ses. 3, c. 1). La Revelación escrita y oral exalta junto con la sabiduría de Dios su voluntad omnipotente, a la cual nada puede resistir (cfr. Esther, 13, 9). La razón nos sugiere que no puede faltar en la causa lo que existe en el efecto; por otra parte, probada la intelectualidad divina, queda demostrada implícitamente su voluntad.

Lo mismo que el entendimiento divino, la voluntad tiene por objeto primario a Dios mismo, su esencia, en cuanto es bondad infinita; por objeto secundario a las criaturas. Pero como Dios no conoce las criaturas sino conociendo su esencia, de la misma manera no las quiere sino queriéndose a sí mismo con un solo acto simplicísimo idéntico a su naturaleza: «Deus est suum intelligere et suum velle» (Sto. Tomás).

Libertad de Dios. La negaron los Estoicos y en parte Abelardo y Arnaldo de Brescia, Eckart, Wicleff, Lutero y Calvino. La limitaron los optimistas (Malebranche, Leibniz), un poco también Günther, Hermes y Rosmini. La Iglesia, fundada en la Revelación, defendió siempre la libertad divina con relación al mundo (Conc. Vat., DB, 1738 y 1805). Dios, ciertamente, no puede dejar de quererse a sí mismo sumo bien, pero es libre de querer o no querer las criaturas, siendo infinito y suficiente en sí mismo. La creación no puede ser más que una libre efusión de amor.

La voluntad divina es causa eficiente, realizadora de todas las cosas: cuando es absoluta o consiguiente se cumple infaliblemente, pero no cuando es sólo condicionada o antecedente. Siendo la volición de Dios infinita, es infinito su amor, más aún, Dios es amor (S. Juan): Él se ama a sí mismo infinitamente y en sí y por sí ama todas las criaturas.

Bibliografía

Sto. Tomás, , I, qq. 19-20;
Sertillanges, , Paris, 1925, I, p. 241 ss.;
R. Garrigou-Lagrange, , Paris, 1928, p. 427.

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