Diccionario de Teología Dogmática

Salvatore Garófalo (S. G.)

SENTIDOS DE LA BIBLIA

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Todo escrito tiene un sentido, porque todo autor escribe para comunicar alguna idea. Es propiedad exclusiva de los textos bíblicos tener, además de su sentido literal, que nace directamente de las palabras, un sentido llamado típico. Existe este sentido cuando las palabras o cosas expresadas o las personas descritas tienen no sólo un significado literal, histórico, cumplido en sí mismo, sino que se dirigen también a significar otras cosas, sucesos y personas. El tipo o figura es la persona, hecho o cosa destinados a significar otra, que se llama antitipo. P. ej., Adán es el tipo de Cristo, y Cristo es el antitipo de Adán (Rom. 5, 14). Entre el tipo y el antitipo debe haber una relación de semejanza; p. ej., el sacrificio de Melquisedec, que ofreció al Dios Altísimo pan y vino es tipo del sacerdocio de Cristo, que ofreció bajo las especies de pan y vino su carne y su sangre (Hebr. 7, 3).

Es obvio que sólo Dios podía orientar personas y hechos hacia enseñanzas y realidades futuras, y, por tanto, el sentido típico de los textos bíblicos puede deducirse solamente de las afirmaciones de la misma Biblia o de la Tradición, es decir, de las fuentes de la Revelación.

Distínguense tipos mesiánicos, morales y anagógicos (= que elevan), según que su contenido sea mesiánico o moral, o se refiera a la vida eterna. Jerusalén, p. ej., es, en sentido literal, la capital del reino de Judá; en sentido típico mesiánico es figura de la Iglesia; en sentido típico moral es el alma del fiel, y en sentido típico anagógico es la eterna bienaventuranza. El sentido típico en todas sus expresiones es propio del A. T.; en el N. T. se encuentran solamente tipos anagógicos. Siendo el sentido típico fruto de la revelación divina, tiene valor probativo en Teología dogmática, pero es de notar que no hay nada enunciado en sentido típico en la Biblia que no haya sido expresado directamente en sentido literal.

Bibliografía

G. Perrella, , Turín, 1952, nn. 250-283;
P. de Ambroggi, , Direttive e studi recenti, en «Scuola Cattolica», 1950, pp. 444-456;
J. Coppens, , Tournai-Paris, 1949;
, I, Roma, 1951, pp. 366-393;
Prado-Siañón, , Madrid, 1947.

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