PREDESTINACIÓN
Significa generalmente una preordenación hacia un fin. En sentido teológico la Predestinación es el orden concebido por Dios para conducir la criatura racional hacia el fin sobrenatural, que es la vida eterna (Sto. Tomás).
1) Sda. Escritura: Es S. Pablo quien con más insistencia habla de ella (Rom. 8; Efes. 1), empleando el término προορίζω para indicar un designio de Dios que abarca en bloque toda la salvación cristiana del género humano (cfr. Lagrange, Com. a la Ep. a los Rom.), que se ha de actuar por medio de la gracia y los dones celestiales, sin excluir la cooperación del hombre.
2) Tradición: Culmina en San Agustín, quien, en contradicción con Pelagio, desarrolla ampliamente el pensamiento de S. Pablo, llegando a la concepción de una categoría de hombres a los que Dios, según su beneplácito, ayuda para asegurarles su eterna salvación. A otros, en cambio, Dios les concede un auxilio, pero no tan eficaz como a los predestinados, por lo cual no se salvan. La razón íntima de la Predestinación es un misterio, pero no se puede acusar a Dios de injusticia, porque por el pecado original la humanidad se ha convertido en una massa damnationis, y sólo por su bondad Dios escoge en ella un número de almas predestinadas infaliblemente a la vida eterna. Por lo demás, nadie se condena sin culpa propia (cfr. De praedestinatione sanctorum; De gratia et libero arbitrio).
3) La Iglesia ha definido la gratuidad de la Predestinación a la gracia y a la gloria, pero ha condenado el predestinacianismo de Gottschalk, Huss, Wicleff, Lutero y Calvino, que ponen en la misma línea a los predestinados al cielo y a los predestinados al infierno, independientemente del mérito o del demérito.
4) Los teólogos: Sto. Tomás adopta sustancialmente la doctrina de S. Agustín, aunque suaviza alguna arista y modera la cuestión teniendo en cuenta todos sus elementos.
En el s. XVI se encendió entre Dominicos (Bañecianos) y Jesuítas (Molinistas) la controversia sobre el concurso y la ciencia divina, que llegó a ser presentada al Papa (Congregatio de auxiliis), sin resultados positivos. La discusión, naturalmente, llegó a alcanzar el problema de la Predestinación, principalmente en este punto: ¿Tiene Dios en cuenta, al predestinar para la vida eterna, la cooperación meritoria del hombre? Los bañecianos responden que no (Predestinación ante praevisa merita); de los Molinistas algunos dicen que sí (Predestinación post praevisa merita); otros (los Suarecianos) están por el no, acercándose en este punto a los bañecianos. Pero no es ésta la única divergencia entre ellos.
El misterio subsiste en cualquiera de los dos sistemas, y acaso sólo dependa de la compleja multiplicidad de los elementos (gracia, ciencia divina, libre albedrío, etc.). Como quiera que sea, la doctrina cristiana insiste en dos cosas: 1.ª, para salvarse es necesario cooperar con la gracia; 2.ª, ninguno se condena sino por culpa propia (cfr. Conc. II de Orange, Conc. de Quiersy, Conc. Trid.; DB, 198 ss.; 316 ss.; 850, 826-827).
Bibliografía
Sto. Tomás, , I, q. 23;
C. Friethoff, , Friburgo (Suiza), 1926;
A. Saint-Martin, , París, 1930;
R. Garrigou-Lagrange, , París, 1936;
P. Parente, , Roma, 1949, p. 167 ss.;
DTC y DA, «Prédestination» (con las dos tendencias, Bañeciana y Molinista).