Diccionario de Teología Dogmática

Pietro Parente (P. P.)

POSITIVISMO

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Es, más que un sistema, una tendencia del pensamiento nacida el siglo pasado en reacción con las corrientes idealistas. Contra las construcciones subjetivistas del Idealismo y los desvanecimientos sentimentales de su aliado el Romanticismo se determinó, a mediados del s. XIX, una corriente positiva que prefería la experiencia a la teoría, la sensación al concepto abstracto, el hecho al principio.

Fue una fuerte apelación de los espíritus entregados a las altas especulaciones a volver a la realidad concreta de la naturaleza y de la vida humana, bajo el impulso de las ciencias, que tuvieron un amplio desarrollo en aquella época. El Positivismo tiene su raíz lejana en el Empirismo inglés del seiscientos (Locke) y en el Sensismo francés de Condillac; pero su origen próximo está en el criticismo kantiano, que depreció el conocimiento de la esfera metafísica («noúmeno») en favor de la esfera empírica o fenoménica.

Los positivistas, ligados al hecho y al mundo sensible, se acercan al Materialismo, pero se apartan de él cuando admiten la posibilidad de una realidad suprasensible, como, por ejemplo, Dios. El materialista la niega, el positivista es agnóstico, en cuanto que dice que la ignora, mientras no haya podido demostrarla por vía empírica.

En Francia fue Augusto Comte quien fundó el Positivismo († 1857), hombre de ingenio, pero poco equilibrado, que basó su sistema en la teoría de los tres estadios: el teológico, el metafísico y el positivo, que marcan el progreso de la humanidad desde la ingenua fantasía al razonamiento abstracto y al conocimiento directo de la naturaleza, en que domina el fenómeno con sus leyes, objeto de la experiencia. La misma vida humana se reduce a un conjunto de fenómenos y de leyes físicas individuales y sociales. No hay un Dios por encima de la naturaleza, sino solamente la Humanidad, el gran Ser al que se ha de tributar un culto.

En Inglaterra toma el Positivismo un aspecto más científico y más práctico con Heriberto Spencer († 1903), que adoptó la teoría evolucionista y la aplicó a la cosmología, a la antropología, a la sociología y a la ética. Según Spencer hay en el universo un Incognoscible que la ciencia y la religión deben respetar, contentándose con conocer los hechos y dejando aparte los misterios. La corriente positivista en Inglaterra se manifiesta también en el Utilitarismo de G. Bentham († 1832) y de Stuart Mill († 1873); en Francia, en la sociología empírica de E. Durkheim († 1917), que reduce la psicología, la moral y la religión a hechos y productos sociales.

Finalmente, el Positivismo se extendió también por Italia por obra principalmente de Roberto Ardigò († 1920), pero en una forma mansa, ni muy filosófica ni muy científica, adaptada a hombres de nivel medio, poco solícitos por los grandes problemas que trascienden la vida ordinaria. Es evidente el contraste entre el Positivismo y la filosofía y teología cristianas.

Bibliografía

De Broglie, , París, 1881;
G. Allievo, , Turín, 1883;
L. M., , Parma, 1895;
A. Zacchi, , vol. I, pp. 167-219;
M. Farodi, , París, 1930;
L. Roure, «Positivisme», en DA. * D. Domínguez, , Santander, 1953.

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