PERFECCIÓN
(lat. perficere = completar): Etimológicamente, perfecto significa completamente hecho. Pero, prescindiendo de la acción que hace perfecta una cosa, la perfección se puede considerar como la plena posesión de su acto, por lo tanto como actualidad en oposición al estado potencial o virtual. En este sentido Dios es perfecto infinitamente, porque es acto puro, el Ser subsistente por esencia, que no sufre limitación alguna ni ninguna evolución por una adquisición ulterior.
Toda perfección es un modo de ser: en el Ser subsistente por esencia están todas las perfecciones en acto. Y como el bien es aquello a que tienden los entes como a su propia perfección, Dios perfectísimo es el Sumo Bien, la misma bondad, fuente y término de todo bien finito. Sto. Tomás (Summa Theol., I, q. 4, a. 4) escribe: «Así, pues, todo lo que se llama bueno lo es por la bondad divina, en cuanto ésta es el principio ejemplar, efectivo y final de toda bondad.» Platón afirmó el primado del bien, de donde la dialéctica del amor, p. ej., en el Simposio.
Bibliografía
Sto. Tomás, , I, q. 4;
R. Garrigou-Lagrange, , París, 1928, p. 382-385;
P. Parente, , Roma, 1949, p. 116. * , t. 2, Madrid, 1952.