MISTERIO
Es una cosa arcana, secreta, principalmente sagrada (cfr. misterios eleusinos, de Cibeles, de Isis, etc.). En la Sda. Escritura significa esta palabra, además de una cosa secreta en general, las cosas divinas del «reino de los cielos» (Mt. 13, 11), en S. Pablo la revelación de la salvación del mundo por medio de Cristo Redentor (Efes. 3, 9; Col. 1, 26, etc.).
En el siglo pasado el Magisterio eclesiástico fijó definitivamente la significación de este término (Gregorio XVI, Pío IX, León XIII). El Conc. Vat. (Ses. III, c. 4, DB, 1795 ss.) lo define: «Los misterios divinos, por su misma naturaleza, trascienden de tal manera el entendimiento creado que, aunque hayan sido revelados y sean creídos, siguen sin embargo velados y oscuros durante la vida mortal». El misterio, pues, en sentido estricto es una verdad divina cuya existencia puede conocer la razón humana solamente por medio de la Revelación, sin poder, sin embargo, comprender su esencia ni aun después de ella. Así, por ejemplo, el misterio de la Sma. Trinidad.
En sentido lato se llama misterio una verdad conocida solamente por la Revelación y comprensible, después de ella, por parte de la razón; p. ej., la creación del universo en el tiempo. La razón humana no puede demostrar el misterio estrictamente dicho, pero lo puede ilustrar y puede defenderlo de las objeciones. La repugnancia entre un misterio de fe y los principios de la razón o los descubrimientos de la ciencia no puede ser más que aparente, porque la verdad sobrenatural y la natural se derivan juntamente de la misma fuente, que es Dios, verdad sustancial.
Bibliografía
R. Garrigou-L., , Paris, 1926, p. 72 ss.;
A. Michel, «Mystère», en DTC. Acerca del carácter analógico de nuestro conocimiento frente a los misterios de la fe, cfr. M. L.-T. Penido, , Paris, 1931.