JUICIO
Es la rendición de cuentas que todo hombre debe dar de su propia vida después de la muerte a Dios, Señor y Juez supremo, para recibir, según sus méritos, el premio o el castigo.
Hay un doble juicio:
1) Particular, que tendrá lugar inmediatamente después de la muerte, como se prueba: a) Por la Sda. Escritura: parábola del rico epulón y de Lázaro, de los cuales el primero muere y va al infierno y el segundo al seno de Abraham (Paraíso), dos lugares separados eternamente por un abismo infranqueable; S. Pablo, cercano ya a la muerte, suspira por la «corona de justicia», que Cristo, justo Juez, le dará a él y a quien haya vivido como él (2 Tim. 4, 6); en otra parte dice, explícitamente: «Está determinado que los hombres mueran, después de lo cual vendrá el juicio» (Hebr. 9, 27). b) La Tradición, después de un período de alguna incertidumbre en los detalles, se afirma clara y explícitamente a partir del s. IV: S. Hilario: «El día del juicio será la retribución eterna de la felicidad o de la pena». S. Agustín distingue el juicio, que sigue inmediatamente a la muerte, cuando las almas «de corporibus exierint», y el juicio universal, que tendrá lugar después de la resurrección de los cuerpos. c) El Magisterio eclesiástico confirma esta verdad especialmente en el II Conc. de Lyon (1274), en una Bula de Benedicto XII (1336) y en el Conc. Florentino (DB, 464, 530 y 693). d) La razón ve la necesidad de una sanción divina y por lo tanto de un juicio divino sobre el uso del don de la vida y de sus energías (cfr. la historia de todas las religiones).
La discusión y la proclamación de la sentencia tienen lugar en este juicio por una interna iluminación mental.
2) Juicio universal: Es una verdad de fe (cfr. el Credo «Cristo vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos»). En el cap. 25 del Evangelio de S. Mateo se da una viva descripción del juicio universal. S. Pablo se refiere a él muchas veces: II Cor. 10; Rom. 14, 10; II Tesal. cc. 1-2, etc. S. Agustín expone sistemáticamente la doctrina tradicional (De civit. Dei, XX, 30). El Juez será el Hombre Dios, que aparecerá sobre las nubes del cielo acompañado de los Ángeles y manifestará, confirmándolas, las sentencias del juicio particular, probablemente también por vía de interna iluminación.
Bibliografía
Sto. Tomás, , Suppl., q. 88;
, IV, c. 91;
J. Rivière, «Jugement», en DTC;
v. ;
A. Piolanti, , Roma, 1950, íd., «Giudizio divino», en EC, vol. VI, col. 727 ss. * Beraza, , Bilbao, 1924.