GRACIA (eficaz)
Es un influjo divino sobrenatural, por el que la voluntad humana se determina infalible y libremente a obrar en orden a la vida eterna.
La nota característica de esta gracia es la infalibilidad del efecto. No faltan testimonios de la Escritura, que responden todos al concepto del dominio absoluto de Dios, al que ninguna criatura puede sustraerse, ni siquiera el hombre, dotado de libre arbitrio: Prov. 21, 1: «El corazón del rey en manos del Señor. Él lo inclinará hacia donde quiera.» Ezeq. 30, 27: «Yo haré de manera que caminéis según mis preceptos».
Un ejemplo de gracia eficacísima es la conversión de S. Pablo en el camino de Damasco. S. Agustín, más que ningún otro Padre, desarrolla ampliamente la doctrina de la gracia eficaz, a la que atribuye todo el bien sobrenatural del hombre, salva su libertad: Enchir. 98: «El hombre es llevado por caminos misteriosos por Aquel que sabe obrar en lo íntimo del corazón de los hombres, no para que los hombres crean sin quererlo, sino para que de no querer vengan a querer». Pero en otra parte (De peccatorum meritis et remissione, 2, 18): «No defendamos la gracia de manera que parezca que estamos destruyendo el libre arbitrio». Cfr. Conc. Trid., ses. VI, can. 4 (De justificatione) (DB, 814).
Sigue aún viva la controversia entre Molinistas y Tomistas sobre la esencia de la gracia eficaz. Los Tomistas defienden la eficacia intrínseca y absoluta: la gracia eficaz es la predeterminación física sobrenatural a que está subordinada la voluntad humana y a la que de hecho no resiste (aun pudiendo resistir, como dice el Conc. Trid., l. c.). En cambio, para los Molinistas la gracia es eficaz no por sí misma, sino dependiente del consentimiento de nuestro libre albedrío, el cual puede siempre resistir y dejar sin fruto la gracia.
Entre estos dos extremos hay hoy una tendencia a un sano sincretismo: recházase la predeterminación física, que no parece encajar en el pensamiento de Sto. Tomás y que se concilia difícilmente con la libertad humana, y se rechaza también el concepto molinístico de una gracia divina constreñida a mendigar el consentimiento del hombre. Se admite una moción divina intrínseca natural y sobrenatural en la voluntad humana, que mueve física e inmediatamente al acto, en cuanto al ejercicio, dejando que la voluntad se determine a la especificación del acto por medio de la elección del objeto hecha por la razón, sobre la que influye Dios suavemente por vía de iluminación.
Ningún sistema, sin embargo, puede eliminar el misterio de la conciliación de la moción interna y eficaz de Dios y la libertad de la voluntad que es movida.
Bibliografía
V. . G. Schneemann, , Friburgo (Br.), 1881;
Garrigou-Lagrange, (Apéndices ), París, 1927;
en polémica con A. D’Alès, , París, 1927;
igualmente Garrigou-Lagrange, , en «Angelicum», 1946, en polémica con P. Parente, , en «La Scuola Catt.», 1947. * J. B. Manyá, , «Rev. Esp. de Teol.», 1944.