Diccionario de Teología Dogmática

Pietro Parente (P. P.)

DEMONIO - DIABLO

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Dos palabras de origen griego: δαίμων, de raíz incierta, y διάβολος (de διαβάλλω: acuso, calumnio) = acusador, empleadas las dos en el lenguaje cristiano para significar los Ángeles rebelados contra Dios, caídos por ello en el infierno.

Es frecuente entre los clásicos griegos (Homero, Hesíodo, Heródoto, Platón, Plutarco) el uso de δαίμων (mucho más que de διάβολος), pero con diversa significación: numen, en cuanto influye, bien o mal, sobre el hombre; genio o espíritu protector (cfr. el demonio de Sócrates), intermediario entre la divinidad y el hombre, a veces también suerte, destino. El concepto de espíritus intermedios buenos o malos entre Dios y el mundo lo encontramos también en las demás religiones y sistemas de Filosofía mitológica (Gnosticismo, v. esta pal.), pero la Revelación cristiana presenta una doctrina tan característica acerca de los demonios, que no se puede pensar en una derivación de fuentes extrañas.

Ya en el A. T. se perfila siniestramente la figura de Satanás (de la raíz hebrea śṭn = insidiar, perseguir), enemigo del hombre, que bajo la forma de la serpiente determina la caída de Eva y de Adán, que pide y obtiene de Dios el poder atormentar a Job, que agita a Saúl e instiga a David al censo. Se halla del demonio en el libro de Tobías y en el de la Sabiduría, que le atribuye la introducción de la muerte en el mundo (Sap. 2, 24). Con más frecuencia se encuentra en el N. T. el nombre de Satanás, demonio, diablo. Es Satanás quien tienta a Jesús en el desierto (Mt. 4, 1), a Satanás le atribuyen los fariseos los milagros de Jesús, pero el Salvador prueba la necedad de esta acusación demostrando su poder arrojando los demonios y a su jefe de los posesos (cfr. especialmente el Evangelio de S. Marcos). Jesús afirma haber visto a Satanás precipitarse del cielo como un rayo (Lc. 10, 17), advierte a los Apóstoles de sus asaltos (Lc. 22, 31), declara la víspera de su Pasión y Muerte que Satanás ha sido ya juzgado y vencido (Jo. 16, 11).

Los Santos Padres desarrollan estos datos y ofrecen materia a los escolásticos para una sistematización doctrinal definitiva a la que contribuyen algunas precisiones del Magisterio de la Iglesia (cfr. Conc. Later. IV, DB, 428).

Los puntos fundamentales de la doctrina católica acerca del diablo son: a) Dios creó los Ángeles (v. esta pal.), que son buenos por naturaleza, pero muchos de ellos pecaron y se hicieron malos deliberadamente; b) no es el diablo quien ha creado la materia y los cuerpos; c) Satanás y sus secuaces han sido castigados por Dios con el infierno, desde donde ponen asechanzas, tientan y persiguen a los hombres en tanto en cuanto Dios se lo permite (v. Tentación); d) los demonios, como todos los Ángeles, son espíritus puros, dotados de entendimiento y de voluntad; e) los Ángeles fueron hermoseados por la gracia desde el primer instante de su creación: muchos de ellos cayeron en un pecado de soberbia y se perdieron irremediablemente, porque en virtud de su naturaleza espiritual su libre elección entre el bien y el mal queda inmutable una vez hecha, y por lo tanto sin lugar a arrepentimiento; f) el demonio perdió con su pecado los dones sobrenaturales, pero conserva su naturaleza espiritual ricamente dotada de inteligencia y de tenaz voluntad para el mal; g) los demonios odían a los hombres destinados a reemplazarlos en la gloria.

Bibliografía

Sto. Tomás, , I, q. 63 ss.;
DTC, «Démon» (por varios autores);
P. Parente, , Roma, 1949, p. 45 ss.;
G. De Libero, , Turín, 1934;
V. Genovesi, , Chieri, 1942;
G. Manacorda, , «Angelicum», Milán, 1950.

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