Diccionario de Teología Dogmática

Salvatore Garófalo (S. G.)

CIRCUNCISIÓN

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Es el rito hebreo que consistía en el corte de la membrana del prepucio en los varones. Muchos pueblos de la antigüedad la practicaron ya antes de Israel (p. ej. Egipto), pero cuando Dios prescribió en el A. T. esta práctica a Abraham y sus descendientes hizo de ella una señal del pacto religioso, que ligaba con Él al Patriarca y a sus descendientes, herederos de la promesa.

La solemnidad y la precisión de la relación (Gén. 17) manifiestan la importancia de la ceremonia. Dios se aparece a Abraham de 90 años, le revela su nombre —el Omnipotente— y cambia el nombre al Patriarca —de Abram en Abraham— y a su mujer —de Sarai en Sara—, para indicar que va a comenzar para ellos una nueva vida. Después de haber pedido al Patriarca su entrega a una vida perfecta y su adhesión a Él, Dios establece un pacto con Abraham y sus descendientes, por el cual Abraham se obliga a ofrecer a Dios un culto exclusivo, a ser fiel en su servicio y a llevar en su carne la señal del pacto: la Circuncisión, en tanto que Dios se compromete a proteger al Patriarca, a darle una numerosa descendencia, a reservarle la bendición mesiánica (v. Mesías) y a darle en posesión la tierra de Canaán (Palestina).

De esta manera Abraham se convierte en el amigo de Dios. Esta amistad tiende a restablecer la comunicación del hombre con Dios, rota por la culpa de Adán, es una vuelta a la gracia que importa la remisión del pecado original. La Circuncisión tuvo, pues, en la antigua economía de la religión un efecto análogo al del Bautismo en la economía restaurada por Cristo.

La eficacia no se debía al rito en cuanto a su acción material, sino en cuanto a su función simbólica; por eso ya en la antigua ley se insistía en la «Circuncisión del corazón», es decir, en la pureza de intención y en la docilidad a la voluntad de Dios (Deut. 10, 16; 30, 6). La Circuncisión se practicaba inmediatamente después del nacimiento del niño —usualmente a los ocho días—, y en esta circunstancia se le imponía también el nombre (Lc. 2, 21). Para que un hebreo pudiese participar de la bendición y de las promesas hechas a Abraham no bastaba la descendencia carnal del Patriarca, sino que era necesaria la Circuncisión con sus correspondientes obligaciones morales.

Bibliografía

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EC, III, 1701-7;
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A. Vaccari, , en «Verbum Domini», 2 (1922), pp. 14-18;
J. Ricciotti, , t. I, Barcelona, 1949.

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