CIPRIANO (San)
Insigne mártir y Padre de la Iglesia, n. en África a principios del s. III; m. decapitado pola fe el día 14 septiembre 258. Convertido por el presbítero Ceciliano, recibió el Bautismo y poco después el sacerdocio; en 248 o 249 fue consagrado Obispo de Cartago, que gobernó con grande energía y fortaleza de ánimo en medio de persecuciones externas (Decio, Galo, Valeriano) y controversias internas (lapsos, bautismo de los herejes).
Escritor limpio y elegante, en sus once opúsculos de índole dogmático-moral y en sus 81 cartas, interesantes para la historia de la Iglesia y de las controversias doctrinales, aporta preciosos testimonios para toda la Teología. Es célebre su De Catholicae Ecclesiae unitate, en cuya primitiva redacción atestigua la fe común en la Cathedra Petri como centro de la unitas sacerdotalis (es decir, episcopal-jerárquica); sin embargo, las circunstancias y la falta de lógica, a que también se ven sujetos no rara vez los espíritus mejores, hizo atenuar a San Cipriano, en una segunda edición, su feliz y abierta profesión de la romanidad de la Iglesia. Si hubo algo de humano, como expresa S. Agustín, en la conducta del Obispo de Cartago para con el Obispo de Roma, «falce martyrii purgatum est».
Bibliografía
A. d’Alès, , París, 1922;
B. Poschmann, , Breslavia, 1933;
M. Pellegrino, «Cipriano, Santo», en .