Diccionario de Teología Dogmática

Pietro Parente (P. P.)

CIENCIA DIVINA

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Ciencia es el conocimiento de las cosas según sus causas. Tal es el conocimiento intelectivo perfecto, y en este sentido se atribuye a Dios.

La divina Revelación exalta la sabiduría de Dios: S. Pablo resume los más antiguos testimonios en aquella exclamación: «¡Oh sublimidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios!» La Iglesia ha definido (Conc. Vatic., ses. 3, c. 1; DB, 1782) que Dios está dotado de un entendimiento infinito. El concepto de la omnisciencia divina es familiar en toda la Tradición. Razones: a) la intelectualidad es la perfección más alta de la criatura humana y angélica: ahora bien, las perfecciones creadas deben hallarse en Dios de un modo eminente (v. Analogía); b) el orden y la finalidad del cosmos revelan una Causa inteligente; c) la intelectualidad y, por tanto, la ciencia son propiedades connaturales de todo ser espiritual: conocer significa recibir en sí intencionalmente las formas de las cosas externas sin alterar o perder la forma propia; esto es posible solamente al espíritu, que, quedando idéntico a sí mismo, es capaz, como dice Aristóteles, de hacerse todas las cosas, conociéndolas.

Siendo Dios sumamente espiritual, es inteligente de un modo supremo; más aún, por razón de su simplicidad (v. esta pal.), su entendimiento y su conocimiento se identifican con su ciencia: Dios es el mismo conocimiento, y por lo mismo su ciencia es perfectísima, infinita como su naturaleza. Dios conoce en primer lugar a sí mismo (objeto primario), y después a todas las criaturas presentes, pasadas y futuras posibles y reales. Distinguen los Escolásticos: scientia visionis, ciencia de visión, para las cosas reales; scientia simplicis intelligentiae, ciencia de simple inteligencia, para las cosas posibles. Los Molinistas añaden la ciencia media (v. Molinismo y Presciencia).

Discuten los teólogos acerca del modo de conocer a las criaturas: la opinión más aceptada es la que sostiene la cognición mediata: Dios, conociendo su esencia, conoce en ella todas las cosas reales y posibles, que son imitaciones actuadas o actuables de la esencia divina. Si Dios conociese las cosas directamente, fuera de sí mismo, entonces las cosas actuarían en cierto modo el entendimiento divino, lo cual repugna. Conociendo todo con un acto simplicísimo, que se identifica con su esencia, Dios no razona como nosotros, pasando de una noción a otra, sino que intuye y abarca en un solo intuito toda la inteligibilidad de su naturaleza y de todo ser creado o creable.

Bibliografía

Sto. Tomás, , I, q. 14;
R. Garrigou-Lagrange, , París, 1928, p. 395;
A. D. Sertillanges, , París, 1926, I, p. 210 ss.;
D. Ruiz, , París, 1929;
P. Parente, , Roma, 1949, p. 126 ss. * S. Th. S. t. II, Madrid, 1951.

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