Diccionario de Teología Dogmática

Pietro Parente (P. P.)

ARTÍCULOS FUNDAMENTALES

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Son el objeto de una controversia religiosa nacida con el Luteranismo en el s. XVI. La reforma luterana se vio amenazada desde sus primeros pasos por el fragmentarismo y por la instintiva y fatal tendencia a la escisión que lleva consigo la doctrina del libre examen (v. esta pal.) y que había de desembocar en la multiplicidad de sectas, de que hoy se compone el protestantismo.

Suprimido el Magisterio infalible de la Iglesia, los luteranos se vieron obligados a buscar otro camino para salvaguardar un simulacro de unidad entre tanta confusión de ideas.

Así nació la idea de los artículos fundamentales, que en la intención de muchos teólogos de la reforma había de ser un «mínimum» de doctrina de fe, en que pudiesen convenir todas las sectas. Iniciado por Calixt en Alemania, por Turretin en Suiza y Cranmer en Inglaterra el sistema de los artículos fundamentales tuvo su formulación definitiva, después de varias manipulaciones, bajo Isabel I de Inglaterra, en la Iglesia Anglicana, que aún conserva sus célebres 39 artículos en el Book of Common Prayer. El sistema fue elaborado entusiásticamente en Francia por Jurieu, eficazmente refutado por Bossuet con argumentos que no han perdido todavía su vigor. En realidad, el sistema de los artículos fundamentales, como sustituto del Magisterio de la Iglesia para conservar la unidad de la fe, no tiene consistencia ninguna. Es evidente que entre los misterios y las demás verdades reveladas hay cierta gradación, de manera que una verdad sea más importante que otra; pero ni la Sda. Escritura ni la Tradición permiten que un fiel acepte algunas verdades reveladas y rechace otras, aunque sean de menor importancia.

Al cristiano se le pide la adhesión íntegra a Cristo y a su Evangelio: la unidad de la fe es el tema dominante de la Revelación divina, y S. Pablo insiste enérgicamente sobre ello, como, p. ej., en I Cor. 1, 10: «Os conjuro, hermanos, en nombre de N. S. Jesucristo, para que todos digáis lo mismo y no haya escisiones entre vosotros; antes viváis perfectamente unidos en el mismo pensamiento y en el mismo sentimiento.» No hay, pues, lugar a escoger entre las verdades propuestas a la fe de los creyentes, como quisieran los protestantes. Pero, aun cuando existiese tal posibilidad de selección para alcanzar la suspirada unidad, aun quedaría por probar a quién correspondería establecer los artículos indispensables, con lo que sin pretenderlo vuelven los protestantes al concepto de una «regula fidei» impuesta por una autoridad docente que ellos han rechazado.

Bibliografía

H. A. Niemeyer, , 1840;
E. F. Müller, , 1903;
Algermissen, , Brescia, 1942, p. 667 ss.;
, II, col. 57-59.

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