Diccionario de Teología Dogmática

Salvatore Garófalo (S. G.)

APÓCRIFO

Recursos

(gr. ἀπόκρυφον = cosa escondida, del v. ἀποκρύπτω = escondo): Para los antiguos era «apócrifo» un libro que contenía doctrinas religiosas reservadas a los iniciados; en cambio, en el lenguaje eclesiástico era un libro no admitido para la lectura pública en la comunidad, a pesar de la semejanza que por el nombre del presunto autor y por su contenido tenía con los libros inspirados de la Biblia. Apócrifo es, pues, un libro excluido por no ser canónico (v. Canon). Tales libros eran de procedencia sospechosa, y los ponían en circulación las sectas, que querían dar autorizado fundamento a sus doctrinas. Sin embargo, algunos son fruto de la piadosa curiosidad de los lectores, que no encontraban en los libros sagrados minuciosos detalles sobre ciertas personas o períodos de la Historia Sagrada y querían completarlos con informaciones, que alguna rara vez procedían de buena fuente, pero que en la mayoría de los casos no eran más que fruto de la fantasía.

Algunos de estos escritos producidos de buena fe encontraron crédito entre los fieles y los escritores eclesiásticos. En la actual edición oficial latina de la Biblia se publican como apéndice los libros III y IV de Esdras y la Oración del rey Manasés, que son apócrifos, aunque inspirados en textos canónicos. Algunos textos litúrgicos han sido tomados de estos dos libros, p. ej., el Requiem (IV Esd. 2, 34 s.). Modernamente se ha dedicado particular atención a esta considerable producción literaria, interesante para el conocimiento de las ideas religiosas y morales en vigor en tiempos de Cristo.

La vasta literatura apócrifa, difícilmente accesible a los lectores comunes, sigue las grandes y pequeñas divisiones de ambos Testamentos.

Los apócrifos del A. T., casi siempre de autor judío, son de argumento mesiánico, y con frecuencia se encuentran en ellos interpolaciones cristianas. Alguno de ellos, como las Odas de Salomón, parece totalmente de procedencia cristiana. Se pueden dividir, aunque no adecuadamente, en libros históricos, dedicados a las grandes figuras del A. T.; didácticos, es decir, de contenido moral, y proféticos o apocalípticos, que refieren presuntas revelaciones sobre el mundo de los Ángeles, sobre los misterios de la naturaleza, sobre la suerte futura de Israel, sobre la persona y el reinado del Mesías. Entre los apócrifos de la primera clase es digno de notarse el libro de los Jubileos o Pequeño Génesis, escrito por un fariseo moderado hacia el fin del s. II a. C., en el que Moisés narra la historia del mundo desde la Creación hasta la salida de Egipto, distribuyéndola en períodos jubilares de 49 años. Otros libros son: el III de Esdras, III de los Macabeos, la Ascensión de Isaías, el Testamento de Salomón.

Son notables entre los libros didácticos: El Testamento de los Patriarcas, en que los hijos de Jacob profetizan el futuro de las doce tribus descendientes de ellos; los Salmos de Salomón y de David; las Odas de Salomón, el IV libro de los Macabeos. Entre los libros proféticos es muy conocido el Libro de Enoc, al que se refiere probablemente el Apóstol San Judas en su carta (v. 14 s.), que consta de varios escritos judaicos del s. II-I a. C. y es muy importante para el conocimiento de las ideas religiosas de los judíos en tiempos de Cristo. Entre otras cosas se le llama al Mesías el «Hijo del Hombre». Otros libros: la Asunción de Moisés, el IV de Esdras, el Apocalipsis de Baruc, los Oráculos Sibilinos, libro de propaganda judaica entre los paganos.

Los apócrifos del N. T. se remontan a los siglos II y III d. C. y se dividen en Evangelios, Hechos, Epístolas y Apocalipsis. El Evangelio apócrifo más divulgado fue el Protoevangelio de Santiago, dedicado a la vida de la Virgen y de San José y a la infancia de Jesús. Ha tenido grande influencia en el arte cristiano, y la liturgia ha tomado de él la fiesta de la presentación de María en el Templo; otros Evangelios llevan los títulos siguientes: según los Hebreos, de los Ebionitas, según los Egipcios, de Pedro, de Tomás, de Nicodemus. Entre los Hechos hay que citar los de Pedro, de Pablo, de Juan, de Andrés, de Tomás. También es muy rico el epistolario apócrifo; recordemos: la carta de Abgaro, rey de Edesa, a Jesús, y la respuesta del Redentor; la Epístola de los Apóstoles; la Epístola de San Pablo a los Laodicenses, y su carta III a los Corintios; las cartas cruzadas entre San Pablo y el filósofo Séneca. Entre los Apocalipsis citemos: el Apocalipsis de Pablo, de Pedro, de Tomás. En general se trata de una literatura mediocre y farragosa, que pretende la imitación de los modelos inspirados, sin llegar a acercarse a su espontaneidad y equilibrio.

Bibliografía

B. Frey y E. Amann, en DBVS, I, col. 354-533.

«Apocrifi», en EC, I (1948), 1627-33.

Altaner-Cuevas, Patrología, Madrid, 1945.

G. Perrella, Introd. gen. alla S. Bibbia, Turín, 1948.

Voces relacionadas

Internas

Externas