Diccionario Bíblico

Francesco Spadafora

TEBAS

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La gran metrópoli del alto Egipto (el hebreo Patrós, griego P-to-res = sur, en oposición a M israím, todo E g ip to; cf. Is. 11, 11: Ez. 29, 14; considerada como región de origen de los egipcios, Ez- 30, 14; Jer. 44, 1- 15; H erodoto II, 4, 15). En hebreo se llama N o’ (Ez. 30, 14 s s.; cf. el acadio N i’u; y el egipcio tardío N é’): la diospolis M agna de los griegos y de los latin o s; Dióspolis se aproxima al nombre com pleto que es N ó ’-’am on «la ciudad o el dom inio del Dios Amon» {Jer. 46, 25; Nah. 3, 8), la actual Luxor, que se yergue frente a la antigua Tebas.

San Jerónimo la traduce erróneamente por Alexandrla populorum T E M PL O de Jerusalén (574AVulg.). F u é centro del Medio y Nuevo Imperio, como M enfis lo había sido del Antiguo. El primero tiene el comienzo con la gloriosa restauración, o b ra de la X II dinastía, con sede en T ebas (2000-1800 a. de J. C.); el Nuevo Imperio com ienza hacia el 1580 (X V III dinastía.) con la expulsión de los hebreos. Después del paréntesis poco feliz de Am enofis IV (con el nombre de A knaton, 1370- 1352), que trasladó la capital a Aket-Aton (horizontes de A ton = el sol naciente), la célebre actual El-A marna, 400 kilómetros al norte.

Tebas, consagrada al dlos Amón, llegó a la cum bre de la prosperidad y del esplendor bajo la X V III dinastía y la X IX (1350-1200 a. de J. C. aproxim adamente). En ella convergía el mercado mundial, y todos los pueblos se encontraban allí para ser testigos de las ceremonias incom parables que se desarrollaban en sus grandiosos templos, y de la grandiosidad de las enormes salas surcadas de colum nas. La riqueza de los m onumentos devueltos a la luz por las excavaciones perm ite reconstruir esta época de la historia egipcla m ejor que otra cualquiera. El célebre «valle de los Reyes», en la vertiente occidental, frente a K arn ak y a L uxor, forma parte de la vasta campiña, ah o ra desierta, que en otro tiempo tenía en sí la necrópolis de Tebas, con los sepulcros de los difuntos más dignos, como los reyes, y con los templos que acom pañaban a los sepulcros de estos últimos. Sigue la decadencia, y la XXI dinastía tiene su sede en T anis. Pero el fin de T ebas data del 663 a. de J. C, cuando el em perador asirio Asurbanipal la conquistó y la entregó al saqueo.

En la profecía de N ahum (3, 8) contra Nínive se siente aún el eco de la profunda impresión que produjo entre las gentes el saqueo de T ebas, la metrópoli de las cien puertas a am bas orillas del N ilo.

Bibliografía

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