PLAGAS de Egipto
Así se llama a los castigos que cayeron sobre Egipto tras la repetida negativa del faraón a Moisés que en nombre de Dios pedía la libertad para su pueblo (Éx. 5, 1-8; 10, 24 ss.).
Cuando Dios mandó salir de la presencia del faraón a Moisés , anunció a éste que el monarca no se decidiría sino después de que hubiera «señales» y «prodigios» (7, 3 ss.). El faraón replicó a Moisés y Arón : «¿Quién es Yavé, para que yo le obedezca, dejando ir a Israel? No conozco a Yavé, y no dejaré ir a Israel» (5, 2); y Yavé se dió a conocer. Las plagas de Egipto son diez, y las expone el Éxodo bastante por extenso. I. El agua del Nilo cambiada en sangre (7, 14-25); mortífera para los peces. El hecho es imitado en cierto modo por los magos de la corte. II. Las ranas (7, 26-8, 11) que saliendo de los canales y de los estanques invaden el país: el hecho es imitado por los magos de la corte. III.
Los cínifes (o insectos del mismo género) (8, 12-15) se esparcen por todo Egipto : los magos no logran imitar esta señal. IV. Las moscas (o insectos del mismo género) (8, 16-28) invaden a las personas y las casas. V. La peste (9, 1-7) epizoótica que acaba con los ganados: «pereció todo el ganado de los egipcios». VI.
Las pústulas ulcerosas (9, 8-12) atacan a los animales y a los hombres. VII. El granizo (9, 13-35), con truenos y lluvia, destruye cuanto halla en los campos: hombres, animales, mieses, hortalizas, lino. VIII. Las langostas (10, 1-20) en número tal, que llenarán de oscuridad la superficie de la tierra: en los campos no quedó nada de verde. IX. Las tinieblas (10, 21-29) cubren toda la tierra de Egipto durante tres días. X. La muerte de los primogénitos (amenaza 11, 1-10; ejecución 12, 29-36): a eso de la medianoche, Dios hiere de muerte a todos los primogénitos de las familias egipcias, desde el 468Aprimogénito de Faraón hasta el del último esclavo. Al fin, el faraón suplica a los hebreos que se vayan, y los egipcios los colman de regalos para que salgan pronto. Las plagas no van dirigidas únicamente contra el faraón, sino contra todo Egipto (probablemente contra la región del Delta donde estaban así el faraón como los hebreos).
El faraón debía reconocer el extraordinario poder del Dios de Moisés y mortificar su propia altanería; los egipcios debían ser castigados por las vejaciones de que habían hecho objeto a los hebreos protegidos ahora por Dios (6, 1 ss.; 10, 2); y los hebreos (eximidos de las plagas) debían corroborar su fe en Yavé y en la divina misión de Moisés . Las plagas se hacen eco de una característica natural de Egipto (al menos respecto de la región del Delta), en cuanto casi todos los años, entre los meses de julio y abril, a causa principalmente de las inundaciones del Nilo, se renuevan esos mismos fenómenos —con intensidad y extensión varias— incluso el de las tinieblas (los vientos llamados «khamsin»). Con todo, las plagas no son fenómenos puramente naturales, como lo prueba el que son predichas por Moisés , sobrevienen tras una señal que él hace, terminan cuando él quiere, y su intensidad excede a toda otra experiencia, y la décima plaga se halla fuera de todo fenómeno natural.
La conexión de los fenómenos de las plagas con los que más o menos se realizan todos los años hace resaltar más y más su carácter sobrenatural — quoad modum — por el hecho de que se las encuadra en la normalidad de las vicisitudes de las estaciones egipcias. También el modo de obrar de Moisés y Arón , al desencadenarse las plagas, aparece modulado conforme al modo de obrar de los magos y adivinos, muy en honor en Egipto .
El aspecto literario de la narración de las plagas demuestra unidad, cierto artificio estilístico y un clima ascendente: las dos primeras son imitadas por los magos, quienes a la tercera reconocen el poder divino, y a la sexta son heridos con las pústulas ulcerosas; de cinco plagas se dice expresamente que fueron exentos los israelitas o la tierra de Gosen (donde ellos se hallaban); ante la primera plaga el faraón permanece insensible; pide a Moisés que haga cesar la segunda, y a la cuarta le da su consentimiento para que los hebreos vayan a sacrificar —pero sin pasar el desierto inmediato—; a la séptima reconoce que ha faltado; autoriza la salida únicamente a los hombres después de la octava, y a la nona permite 468Bla de todos los hebreos, pero no la de sus rebaños, y finalmente a la décima él mismo los llama y los invita a irse (hombres, mujeres, niños, rebaños): el mismo clima ascendente se nota igualmente en los requerimientos de Moisés al faraón. Entre los varios textos bíblicos que hacen alusión a las plagas, tienen particular importancia por el desarrollo doctrinal: Sal. 78 (77), 43-53; 105 (104), 28-38; Sab. 11, 6-20; 16, 1-19; 17- 18.
Bibliografía
A. Mallon, Les Hébreux en Égypte , Roma 1921, 138-47.