Diccionario Bíblico

Francesco Spadafora

PARALIPÓMENOS (I-II)

Recursos

Primitivamente sólo constaba de un libro (cf. Baba Bathra , fol. 14 a; Orígenes, en Eusebio, Hist. eccl. VI, 25; Jerónimo, Prol. Galeat. ), que en hebreo se denominaba «dibbré hajjamim» (San Jerónimo, Liber Verborum dierum ) en el sentido de «anales» (cf. Est. 2, 23; 6, 1; Neh. 12, 23). En los LXX y en las versiones latinas se llama «παραλειπομένων (βίβλος)», «Paralipomena», en cuanto representa elementos omitidos en Sam. y Re. Actualmente se prefiere llamarlo «Crónicas» (cf. Prol. Galeat. de San Jerónimo). La división en dos libros figura ya en los códices A y B y ha sido adoptada por todas las ediciones. Contiene las genealogías (I, 1-9) de las tribus que tuvieron relaciones muy estrechas con David y con el Templo; la historia de David, y particularmente su diligencia en restablecer y fomentar el culto; los casos particulares de individuos que se mostraron muy solícitos respecto del culto y del Templo (Salomón, Asa, Josafat , Ezequías , Josías ; cf. I Par. 10; II, 36, 21). El epílogo contiene el decreto de Ciro referente a la reedificación del Templo (II Par. 36, 22-23). Del examen interno resulta que hay que poner su composición, con mucha probabilidad, por los años 300-250.

En I Par. 29, 7 se habla de la moneda de oro (’ádárkoním) que introdujo Darío (521-486). Por consiguiente, ya tenía que haber comenzado el dominio de ese rey. Cuando se habla del reino persa (II Par. 36, 20) hay que entenderlo de un reino ya fenecido al que ya había sucedido otro, el griego. Si además se admite que también los libros de Esdras y Nehemías pertenecían primitivamente a los paralipómenos, hay que añadir, según testimonio de Flavio Josefo ( Ant. XI, 8.7) que el sumo sacerdote Jaddua’ fué contemporáneo de Alejandro Magno. Es cierto que el libro es anterior al Eclo. (cf. 47, 11; I Par. 16, 4; 23, 30-32; 25, 1-7). El autor cita muchas fuentes. Podechard (cf. RB, núm. 8, 12 [1915] 236-47) enumera veintitrés. Pero hay quien piensa que sólo se trata de dos fuentes, una que contiene la historia 446Bde los reyes de Judá y de Israel , y otra la historia de los otros profetas desde Samuel hasta Isaías, citadas bajo diferentes formas. Otros reducen las fuentes a una sola que comprendía juntamente la historia de los profetas y de los reyes. Aparte de estas fuentes explícitamente citadas, el autor se sirve de otras sin nombrarlas (Gén.-Jos.). Pero no sabemos si directamente o de reproducciones.

Otro tanto hay que decir de los libros de Sam. y Re. (cf. H. Van Den Bussche, Le texte de la prophétie de Nathan sur la dynastie davidique , en EthL, 24 [1948] 354-394). Actualmente hasta los mismos críticos reconocen el valor histórico de los hechos narrados en I-II Par. (cf. Bea, art. cit.). Es cierto que muchas veces refiere el cronista ciertos acontecimientos de un modo diferente de como lo tratan los otros autores. Pero eso depende del hecho de que él trata de poner de relieve que el asunto religioso es esencial y perseverante, de donde proviene que, si no prescinde de los acontecimientos, los considera, no obstante, bajo el aspecto religioso, o sea que la historia teocrática de Israel no comenzó en las faldas del Sinaí , sino con el pacto de Abraham ; que en el reino de Israel no es el sumo sacerdote quien ocupa el primer puesto, sino el rey, que se sienta sobre el trono de Yavé (I Par. 28, 5); que entre todos los reyes sobresale con mucho David ; y como sus sucesores, con pocas excepciones, no siguieron sus ejemplos ni pudieron fundar el gobierno teocrático, no queda otro recurso que el de esperar la venida del David ideal, el Mesías (cf. A. Noordtzy, art. cit.).

Bibliografía

J. Goettsberger, Die Bücher der Chronik oder Paralipomenon , Bonn 1939. A. Bea, Neuere Arbeiten zum Problem der Chronikbücher , en Biblica , 22 (1941) 46-58. A. Noordtzy, Les intentions du Chroniste , en RB, 49 (1940) 161-68. W. Rudolph, Chronikbücher (Handb. z. A. T., 21), Tübingen 1955;
cf. Rivista Bíblica , 4 (1956) 185-191.

Voces relacionadas

Internas