JUICIO de Dios
346BActo o expresión con que Dios manifiesta su voluntad respecto del hombre y lo «juzga» más precisamente con una sentencia general o particular. a) En el A. T. llámanse a menudo «juicios», en el sentido más general de expresión de su voluntad, las «leyes» (Lev. 18, 4. 5. 26; 19, 37; Dt. 4, 1; en el Salmo 119 (118) «iudicia tua», etc., las irreprensibles decisiones de su justicia (Sal. 19, 10; Jer. 11, 20; Tob. 3, 2 etc.), que son favorables (Is. 59, 9. 14), o vindicativas (Is. 53, 8; Jer. 1, 16; Ez. 38, 22), hasta tomar el sentido de «castigos», sobre Egipto (Éx. 6, 6), sobre Moab (Ez. 25, 11), sobre los impíos (Prov. 19, 29), etc. Más restringidamente, la expresión tiene a veces un sentido forense. Dios juzga siempre según el mérito (Gén. 18, 25; Is. 32, 22; Salmos: 7, 12; 50, 6; 78, 5 etc.) a su pueblo (Is. 3, 13; Ez. 34, 17; Mal. 3, 5), a los otros pueblos (Jl. 4, 12; Mi. 1, 2; Salmos: 96, 10. 13; 98, 9) y a toda la humanidad al fin de los días, y a los individuos inmediatamente después de su muerte . Este segundo concepto sólo apareció explícitamente en textos más recientes (Sab. 1, 8-10; 6, 3-8; cf. Eclo. 38, 32 [Vulg. 23]).
En Dan. 7, 9 ss. el Juez «antiguo de días», las sillas para la corte, los libros (de los que se borran los nombres de los impíos: Dan. 12, 1, mientras que en ellos se escriben los de los buenos, que por ello deben alegrarse: Lc. 10, 20) son elementos que sirven para la escenificación de un juicio de Dios, coincidiendo con ciertas figuras poéticas de Egipto y de Persia, que se hicieron comunes en la cultura del antiguo Oriente, pero sin depender de éstas en la idea central de Dios Juez, que es enteramente propia de la tradición monoteísta hebrea. En el paganismo la idea es incierta e incompleta, a causa de la insuficiencia de la teodicea. En cambio, en la revelación bíblica la justicia es uno de los atributos que se consideran siempre como esenciales de lo divino.
Los desarrollos representativos pueden verse llevados a consecuencias extremadas en los apócrifos, y especialmente en Enoc . b) Hay otro concepto que pertenece igualmente al fondo más antiguo de la fe israelita, de la que es propio (fe, y por tanto conexión con la revelación, no ya simplemente «tradición popular»). Ese concepto, bastante complicado, es el de una intervención personal de Dios en la historia de la humanidad, para hacer justicia definitiva, con premios y castigos, en un día que es llamado «el día del Señor» por excelencia.
La documentación más antigua 347Ade este término no se remonta más allá de los profetas (Am. 5, 11; Is. 13, 6. 9; Jer. 46, 10; Ez. 7, 19, etc.: en total 29 veces, sin contar las variantes, como «aquel día, el día de la ira etc.»), y se halla en otros escritos (Sal. 97, 8 etc.); mas los profetas se refieren con ello a una noción corriente y divulgada sobre la cual hacen recaer su crítica. El día del Señor — enseñan — vendrá ciertamente; pero será la glorificación del Señor y no la de Israel, tal como es él.
Dios será glorificado en el hecho de premiar el bien, pero también en el de castigar el mal de todos los pueblos (y ésta es una de sus declaraciones monoteístas más concretas) e igualmente el de Israel (de donde proviene la expresión que los mismos profetas emplean en sentido teológicomoral exclusivamente, despojada de toda interpretación nacionalista y temporal). A veces, en virtud del contexto, resulta que la expresión se refiere al primer «juicio mesiánico» (cf. la predicación de Juan Bautista , Mt. 3, 7 etc.), cuyo resultado es la elección de los «elegidos» para el reino mesiánico, la Iglesia. c) En el Nuevo Testamento el juicio de Dios sigue siendo uno de los elementos fundamentales para la implantación escatológica preparada en el Antiguo Testamento, si bien renovada por completo, aunque gradualmente.
El juicio de Dios aparece concebido según este fondo antiguo y poco a poco precisado en los Sinópticos (Mt. 7, 2-8; 13, 40; 25, 31 ss.), en San Pablo (Rom. 1, 18-3, 20) y en San Juan (3, 17-19; 5, 24; cf. 12, 31; 16, 11). Distínguese un juicio mesiánico final (sobre el cual v. Juicio universal ) y otro juicio mesiánico actual diferente y más inclinado a salvar que a condenar (Jn. 3, 17; 12, 47; 8, 15). En el Nuevo Testamento se concede una excepcional importancia al juicio particular de cada hombre después de su muerte en los discursos de Jesús (Mt. 5, 25-26; 12, 36), en las parábolas (Mt. 22, 11-14; 25, 30) y en San Pablo (Rom. 2, 16; Heb. 9, 27; 10, 21. 27). [G. R.]
Bibliografía
L. Cerny, The Day of Yahweh and some relevant Probleme , Praga 1948. P. Heinisch, Teología del V. T. , Torino 1950, pp. 329-44. G. Rinaldi, I profeti minori , fasc. I (Torino 1952), p. 49 ss.