ENDEMONIADOS
Son llamados obsesos ° endemoniados los hombres físicamente movidos por el demonio que mora en ellos, y que se hallan bajo la influencia de uno o más espíritus malignos (Mc. 1, 23-27; Mt. 12, 43 ss.; L?- 8, 2; 11, 24 ss.). 185BEn el Nuevo Testamento se llama impuros 24 veces a tales espíritus; trátase de impureza moral (frecuentemente alternando con πονηρόν: el maligno espíritu impele a los hombres a realizar actos prohibidos por la ley natural y por la ley positiva). Son muchos los endemoniados que aparecen en los Evangelios. Es expresión palpable del dominio que Satanás ejerce en el mundo (Mt. 12, 22-37; Mc. 3, 22-30; Lc. 11, 14, 28). Hasta entonces reinaba Satanás como dueño absoluto, como un señor en su propia fortaleza; ahora se le ha echado de su imperio por la fuerza, lo que es lo.mismo que decir que ha llegado uno más fuerte que él, que tiene precisamente la misión de fundar el reino de Dios sobre las ruinas del de Satanás. «Si yo arrojo los demonios con el espíritu de Dios (ἐν πνεύματι Θεοῦ), ha llegado ya a vosotros el reino de Dios» (Mt. 12, 28).
Los endemoniados se presentan bajo muy distintas formas entre los enfermos afectados de diferentes maneras, y curados por el Mesías (Mt. 4, 24; 8, 16). La obsesión aparece sin perturbaciones físicas (Mc. 1, 23-28 el endemoniado en la sinagoga, cf. Lc. 4, 33-36; Mc. 7, 24-30 la endemoniada, hija de una siriofenicia, cf. Mt. 15, 21-28) o bien acompañada de tales perturbaciones, como mutismo (Mt. 9, 32 ss.), mutismo y ceguera (Mc. 3, 22-30; Mt. 12, 22- 37), epilepsia (Mt. 17, 14-20), o tormentos físicos con la locura (Mt. 8, 28-34; Mc. 5, 1-5, los obsesos de Gadara). No es fácil discernir si se trata de enfermedad anterior o de perturbación física producida por la obsesión. En Mt. 17, 14-20 la obsesión se manifiesta con características especiales: parálisis de la voluntad, privación del uso del oído y de la palabra, ideas de suicidio. Lo primero que hace Jesús es arrojar al demonio, luego cura completamente al obseso (Lc. 9, 42; Mc. 9, 16, s.). María de Magdala es una obsesa maravillosa (Lc. 8, 2; Mc. 16, 9) y de una forma de obsesión más grave («Jesús había arrojado de ella siete demonios», cf. Mt. 12, 43 ss.; Lc. 24 ss.).
El demonio tiene conocimiento de la mesianidad y de la divinidad de Jesús y se lo hace publicar claramente a los obsesos (Mc. 1, 24- 34; 3, 10 ss.; 5, 7; Lc. 4, 41). «Tú has venido a perdernos. Te conozco; tú eres el Santo de Dios»; «salían también de muchos gritando y diciendo: Tú eres el Hijo de Dios, Santo de Dios»; «echó muchos demonios, y no los dejaba hablar, porque le conocían»; «Los demonios salían también de muchos gritando y diciendo: Tú eres el Hijo de Dios.». Estas solemnes y claras manifestaciones en 186Atran en el plan de Satanás, decididamente contrario a los designios mesiánicos de Jesús, (v. Tentaciones), que evitaba cuidadosamente todo cuanto podía dar pábulo al falso concepto nacionalista que tenían los judíos sobre el Mesías (cf. Jn. 6, 14 s.) y cuanto pudiera haber encendido el ánimo de aquellos ilusos contra los romanos. Jesús impone silencio a los demonios y los arroja autoritariamente con un simple mandato, sin discutir con ellos: «Cállate y sal de este hombre» (Mc. 1, 25; etc.), y el demonio, lleno de odio y de ira, protesta que tiene conocimiento de que ha de ser destronado, pero tiene que huir.
También los Apóstoles al ser enviados arrojan los demonios (Mc. 6, 13); ese poder se lo comunica el Resucitado (Mc. 16, 15-18). San Pablo libra en Filipos (Act. 16, 16 ss.) del demonio a una niña que siempre que lo veía pasar con Silas gritaba diciendo: «Estos hombres son siervos del Dios Altísimo y os anuncian el camino de la salvación». Ya entre los judíos había exorcistas (Act. 19, 27; Mt. 12, 27; Lc. 11, 19) y algunos de ellos comenzaron a arrojar los demonios en el nombre de Jesús. [F. S.]
Bibliografía
O. S. Smit, De daemoniacis in historia evangelica, Roma 1913. D. Buzy, S. Mt.
L. Pirot, S. Mc. (La Ste. Bible, ed. Pirot, 9), París 1946, pp. 47.110.122 s. 157-161.230.415.439 ss.
504 ss. L. Marchal, S. Luc. (volumen 10), ibíd., pp. 70.113.129.148.