Diccionario Bíblico

Francesco Spadafora

CAÍN

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Entre los hijos de Adán, Caín «cultivaba la tierra»; Abel fue pastor de ovejas (Gén. 4, 1 ss.). Caín envidioso y malvado (I Jn. 3, 12), ofrece negligentemente productos de la tierra al Eterno; Abel en cambio le inmola con grande veneración lo mejor de su rebaño (Hebr. 11, 4). Dios manifestó de un modo sensible su complacencia en el sacrificio de Abel (quizás, según alguno, bajando fuego del cielo y consumiendo la víctima).

Por ello se malhumoró Caín y se hizo sordo a la voz divina que le decía: «Si fomentas pensamientos malvados, el demonio (Smit) estará en acecho, como una fiera que trata de devorarte; mas con tu libre albedrío puedes vencerlo y dominarlo». Caín invitó a Abel a alejarse de los otros parientes, y estando en el campo lo mató. «¿Qué has hecho?», dice el Señor a Caín, que contesta soberbio y descarado. «Maldito serás... y andarás fugitivo y errante...» Caín se conmueve y dice: «Insoportablemente grande es mi delito»; por él teme la venganza por parte de los otros (hermanos y sobrinos). Pero Dios, que es misericordioso, aun cuando castiga, le asegura poniendo en él una señal (cuya naturaleza no es posible precisar): Gén. 4, 3- 16.

Los cainitas construyen las primeras viviendas: con ellos nacen y prosperan las artes (Gén. 4, 17-21). También la tradición babilónica atribuye a las generaciones antediluvianas la invención y el uso de los metales. Pero al par que dan auge a las artes crecen también en la corrupción moral los descendientes de Caín. Lamec ofrece el primer ejemplo de poligamia (desviación de la primitiva institución sagrada), y su ejemplo será imitado y tolerado incluso en el pueblo elegido. Confiado en las armas fabricadas por sus hijos, expresa su orgullosa seguridad con el sentimiento de una ferocísima venganza (Gén. 4, 18. 23). Habiéndose unido la réproba descendencia de 90BCaín a la de Set (Gén. 4, 25 s.), se propagó igualmente la maldad, teniendo que intervenir Dios con el castigo del diluvio (Gén. 6, 1 ss.; Sab. 10, 4). Caín pereció, víctima de la ira que le había arrastrado hasta el fratricidio (Sab. 10, 3). Con esto se significa su muerte eterna, quedando como tipo del impío que trata de perder a sus hermanos (Judas 11) y está desprovisto del sentido de las cosas divinas (Filón, De sacrif. Abelis et Caín, 2; De póster. Cain, 38).

La leyenda judía afirma que Caín pereció aplastado bajo las ruinas de su casa (Jubileos IV, 31) o muerto inadvertidamente por Lamec. [F. S.]

Bibliografía

J. Chaine, La Genèse, París 1948. I. O. Smit, Serpens aut daemonium?, en Studia Anselmiana, 27-28, Roma 1951, pp. 94-97. P. De Ambroggi, Le Epistole catt., 2.ª ed., Torino 1949, pp. 251, 307. Simón-Prado, Prael. Bibl., V. T., I, 6.ª ed., Torino 1949, pp. 84-107.

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