ABEL
(Hebr. Hébel ; del súmero Ibila , reproducido en el acadio aplu , ablu , «hijo», «heredero»). Segundo hijo de Adán y Eva, asesinado por su hermano primogénito Caín, labrador ( Gén. 4, 1-16 ). El motivo del asesinato fué la divina complacencia en el Sacrificio de Abel, la cual suscitó la rabiosa envidia de Caín, quien, después de haber sido inútilmente amonestado por Dios a que dominase su malvado instinto, mató a Abel ( Gén. 4, 6-7 ; I Jn. 3, 12 ). Así se inició la lucha del hombre contra el hombre, inmediata consecuencia funesta de haberse rebelado el hombre contra Dios. San Pablo subraya la religiosidad interna del sacrificio de Abel, fruto de la fe ( Heb. 11, 3 ), y la actualidad del mismo Abel que, después de muerto sigue hablando, pues su sacrificio es un tipo, aunque imperfecto, del sacrificio de Cristo ( 12, 24 ). Jesús lo llama justo y lo considera como el primero en la serie de los mártires que padecieron por el triunfo del bien en el Antiguo Testamento ( Mt. 23, 31-35 ; Lc. 11, 49 ss. ). [A. R.]
Bibliografía
R. De Vaux, Le Genèse ( La Bibl. de Jérusalem ), París 1951, p. 49 ss. P. Teodorico da Castel S. Pietro, L’Epistola agli Ebrei , Torino 1952, página 188 s. 2A221.