RUMANIA
Una graciosa leyenda cuenta que, bajo el reinado del príncipe Esteban el Grande († 1504), un piadoso ermitaño llamado José, procedente de las riberas del Jordán, se refugió en las montañas de R., en Bistritza. Un día, empero, decidió trasladarse, con sus compañeros, al monte Athos. Se le apareció María y le dijo: «¿Adónde vais?» «Vamos —le respondieron— al jardín de Vuestra Santidad». Mas la Virgen les dio esta orden: «Dad la vuelta, pues también aquello es mi jardín». Y desapareció. Efectivamente, el número de los iconos milagrosos, en R., es notable (Cf. Melchisedech, Oratoriu, Bucarest, pp. 421-423; nombra 18); el 60 % de las iglesias están dedicadas a la Virgen bajo varios títulos. Es también notable el influjo del culto mariano sobre las letras y artes de R. (v. Taillez, Fr., La Vierge dans la Littérature populaire roumaine, en Du Manoir, II, páginas 273-323). Son numerosos los peregrinos que van a los santuarios de Bixad, de Nicula, de Moisein, de Prislop, etc., especialmente el 15 de agosto. Es costumbre llevar sobre el pecho un librillo de la pasión de Cristo y de los dolores de María llamado «la señal de María».
Bibliografía
Tautu, Al., Il culto di Maria nella chiesa rumena, en «Alma Socia Christi», V, Roma 1952, páginas 109-123 Alex. Gh., La Sainte Vierge dans les chansons religieuses roumaines (en rumano), en «Studii teologici», 5 (1953), pp. 661-676
Gherman, P., Le culte marial en R., en Du Manoir, IV, pp. 779-804
Tautu, L., La Vergine e i Romeni, en «Maria e la Chiesa del silenzio», Roma 1957, pp. 81-83.