Diccionario Mariano

Gabriele M. Roschini

GLORIA DE MARÍA

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El último y singular privilegio concedido por el Omnipotente a María es una singular gloria celes tial incomparablemente superior a la de todos los demAs elegidos, ángeles y santos, como «el sol —dice S. Bernardino de Siena— supera en grandeza a todos los cuerpos celestess (Opera, Venetiis 1551, t. I, col. 519 D). La gloria, en efecto, es proporcionada a la gracia, y la gracia de María (v. Gracia), desde el primer instante de su existencia, superO incomparablemente a la gracia de todos los ángeles y santos torna dos en conjunto. Habiendo tenido en la tierra —pone de relieve Santo Torres— el mtiito de todos, tiene también en el cielo, la gloria de todos, o sea que ctodo lo que hay en cada uno de los santos, abunda en Marías (Serm. 55, in Assumpt. sen de B. V. in Coelis exaltatíone, Op., t. 15, p. 223). Según esto, si es imposible hablar de la gloria de los elegidos en el cielo («non licet homini loquis), mucho más lo es el hablar de la singular gloria celestial de María, Reina de todos los elegidos. Intentaremos unicamente decir algo, tanto en lo que se refiere a la gloria esencial, como er lo que toca a la gloria accidental de la augusta Reina del cielo. I.

Superioridad de María en la glorii esencial. La esencia de la gloria celestia (la gloria esencial de los bienaventurados consiste en la vision intuitiva de Dios, be lleza y bondad infinitas, y en la segura posesión del mismo por toda la eternidad Esta gloria esencial tiene tres partes: visión amor, gozo: aVidebimus, amabimus, gaudebimuss. Según eso, María ve a Dios, amc a Dios, goza de Dios m is que todos los demás bienaventurados tomados conjuntamente. 1) María, en primer lugar, ve a Dios cara a cara, de una manera incomparable mente superior a la de todos Los dem& bienaventurados. Estos, en efecto, ven» Dios en diversas medidas, en proporciOr al «lumen gloriae» que refuerza la potencia visiva del entendimiento creado. Y el «turner gloriae» concedido por Dios a María —pro porcionado a su singularfsima gracia y a su.» incomparables mOritos— supera al de todo.» los bienaventurados, tomados conjuntamente. «De la misma manera que la vista de! iguila —dice el P.

Ganigou-Lagrange— supera a la de todos los hombres colocados en el mismo sitío que ella, como e) valor intelectual de un Santo Tomás lo co loca sobre todos sus comentadores junto» [o la autoridad de un rey a la de todos su; ministros reuniós], la visión beatffica de María penetra más hondamente la esencia de Dios contemplado cara a cara, que la visión de todos los demás bienaventurados exceptuando el alma de Jesris» (La Maún del Salvador y nuestra vida interior, versión española, Buenos Aires [1950] p. 147). Ha» entre María y todos los demás bienaven turados, tomados de conjunto, una doblc desemejanza: intensiva, ya que tiene una visión de Dios incomparablemente más tia ra, y extensiva, por ser su visión sin com» paración más extensa, y abarca todo lc que alguna relación con su másión universal de madre universal, de medíadora imiversal y de reina universal. 2) María, en segundo lugar, ama a Dios incomparablemente más que todos los demás bienaventurados tomados conjuntamente, puesto que el amor es consecuencia del conocimiento y esli en proporción al. mismo. Es, pues, la luz de la mente la que enciende el corazón y lo hace ir.flamarse.

María, que es superior a todos en la luz, lo es tambiin en el amor. 3) María, en tercer lugar, goza de Dios incomparablemente más que todos los demás bienaventurados tomados de conjunto, una vez que el gozo beatifico es consecuencia de la visión y del amor de Dios, y esti en proporción con los mismos. Esta tercera aserción es, por tanto, un corolario Idgico de las aserciones precedentes. II. Superioridad de María en la gloria accidental. Además de la gloria escncial, que consiste — como hemos dicho ya— en la visión intuitiva de Dios, los bienaventu rados gozan tambiin de una gloria acciden tal, proporcionada por ciertos bienes creados, a saber: el gozo por el bien obrado, las nuevas revelaciones, las aureolas, la especial belleza del cuerpo, el honor, el respeto, etc.

También en todas estas cosas supera María incomparablemente a todos los bienaventurados, incluso tomados colectivamente. 1) María, en primer lugar, supera a todos los demás bienaventurados en el gozo por el mal evitado y por el bien obrado durante todo el curso de su vida, desde el primero hasta el riltimo instante: en Ella no había mancha alguna; en Ella había abundancia de todas las obras buenas. 2) María, en segundo lugar, supera in comparablemente a todos los demás bien aventurados en ciertas nuevas revelaciones en torno a futuros contingentes, por cuyas revelaciones percibe nuevos gozos.

La esencia divina, en efecto, siendo infinita, presenta por toda la eternidad nuevos aspectos. 3) María, en tercer lugar, supera a todos los demás bienaventurados en las llamadas aureolas, o sea en la triple aureola: de los mirtires, ya que sufrid más que todos ellos; la de los confesores, por haber profesado más que todos ellos la fe cristiana; la de las vfrgenes, en premio de haber conservado mejor que todas ellas, en toda su perfccción, la pureza virginal de alma y cuerpo. 4) María, en cuarto lugar, supera a todos los demas en la especial belleza del cuerpo, ya que su cuerpo virginal, del que tomó Jesús el suyo, posee ya ahora, más que todos los demás bienaventurados al fin del mundo, las cuatro dotes propias de los cuerpos glorificados, a saber: impasíbilidad, sutileza, agilidad y claridad (/ Corintíos, 15, 44). 5) María, en quinto y último lugar, su pera a los demás bienaventurados en algunos bienes exteriores de los cuales goza de un modo excelentfsimo, a saber: en el imperio sobre todas las demás cosas, como reina; en las alabanzas y en el culto especial que le es tributado por toda la Iglesia, militante, purgante y triunfante.

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