ADIUTRICEM POPULI CHRISTIANI
Encíclica de León XIII, del 15 de septiembre de 1895, sobre el Santo Rosario. He aquí el esquema: I. Fin de la encíclica: mover a pastores y fieles a recurrir con plena confianza, especialmente en el mes de octubre, a María por medio del Santo Rosario, para conseguir la reconciliación de las naciones disidentes con la Iglesia. II. Los motivos de ese confiado recurso a María son: 1) la universal maternidad que Ella ejerce, demostrando cuidados maternales: a) desde el Cenáculo, donde se presentó como Madre de la Iglesia y además Maestra y Reina de los Apóstoles; b) y especialmente una vez subida al cielo, tomando parte no pequeña en la difusión, en las batallas y en los triunfos de la fe católica; 2) la opinión y común confianza en que María será el feliz lazo para la unidad de la Iglesia; opinión y confianza que se fundan: a) en los ejemplos de la primitiva unidad cimentada en María, como, por ejemplo, en el concilio de Éfeso; b) en la misma Virgen que siempre fue excelente forjadora de paz y de unidad; c) en el mérito que tienen los orientales por lo que se refiere a la difusión del culto mariano. III.
El Rosario es la mejor forma de oración: 1) para merecer la ayuda de María en favor de los disidentes; 2) por eso algunos pontífices han trabajado por extenderlo entre las naciones orientales; 3) el proyectado templo mariano en Patras de Acaya, en honor de la «Reina del sacratísimo Rosario». IV.
Conclusión: exhortación a recurrir todos, en el mes de octubre, a la Virgen, y a decirle incesantemente: «¡Ea! ¡mostrad que sois madre!», conduciendo a toda la familia humana a la verdadera prosperidad y, principalmente, estableciéndola en la santa unidad.