Diccionario de Teología Moral

Gregorio Manise, O.S.B. (Man.)

UNIÓN CON DIOS

Recursos

1. Unión habitual U. con Dios puede significar el vínculo de la criatura con Dios, que la conserva en la existencia y la mueve a la acción. Esta u. con Dios existe en todo ser creado. Se suele entender, sin embargo, por u. con Dios una unión más íntima y sobrenatural de la criatura intelectual con las Personas divinas. Esta unión existe al menos habitualmente en todo hombre en estado de gracia, por medio de la gracia santificante que hace al hombre participante de la naturaleza de Dios y por medio de la virtud infusa de la caridad que trasfunde de algún modo al hombre en Dios, amado por sí mismo, sobre todas las cosas. La unión habitual del hombre justificado con Dios no es, sin embargo, puramente accidental, sino en cierto sentido también sustancial, aunque no exista allí ninguna fusión de índole física. Dios, en efecto, uno en naturaleza y trino en Personas, está presente en cada alma en estado de gracia no sólo como principio que conserva su ser y la mueve a la acción, sino también como bien que le pertenece del cual puede gozar (Jn., 14, 16 ss.; 15, 4; Rom., 5, 5; Gál., 4, 6).

2. Unión actual La unión actual del hombre con Dios se realiza por medio de actos que tienen a Dios por objeto, sobre todo por medio del amor. Esta unión admite muchos grados.

No se puede hablar, sin embargo, de vida de unión con Dios sino cuando las relaciones con las Personas divinas que tienen su morada en el alma, son frecuentes e íntimas. Se ha de notar que no sólo los que viven en un claustro, sino todos los cristianos están llamados a la intimidad con Dios: en efecto, si la Sma. Trinidad habita en todas las almas en estado de gracia es para tener relaciones especiales e íntimas con ellas; el apóstol San Juan habla de nuestra sociedad con el Padre y con su Hijo Jesús (I Jn., 1, 3 ss.), y San Cirilo Alejandrino comentando este pasaje, dice: habemus in nobis Deum, habitantem atque diversantem (I Jn., 1, 3: PG. 73, 158). La vida en sociedad con la Sma. Trinidad consiste en fijar la mirada amorosa de la mente sobre el huésped divino como si lo estuviese viendo, en amar con fervor a la Sma. Trinidad, en darle pruebas evidentes de atención y afecto, en dirigirse a ella tanto en las alegrías como en las penas, en hablar con Dios de corazón a corazón, aunque siempre con respeto: y esto no sólo alguna que otra rara vez, sino a menudo. Aquí abajo la contemplación y el amor de Dios no pueden ser ininterrumpidos, pero es posible un estado en el cual la conversación con la Santísima Trinidad venga a ser una verdadera necesidad para el alma; el hombre quisiera poder ocuparse siempre del Señor y, apenas lo permiten sus deberes, sin ningún esfuerzo opresor, como por instinto, vuelve a pensar en Dios y a conversar con él;

el pensamiento del propio yo ha cedido su puesto al pensamiento de Dios y el amor desordenado de sí mismo al amor de Dios y de las almas por Dios, de manera que el hombre pueda decir con S. Pablo que su conversación está en los cielos (Fil., 3, 20). En ciertas ocasiones la unión actual con Dios puede llegar a ser fruitiva, cuando Dios hace conocer de un modo casi experimental, su presencia y amabilidad: los místicos nos hablan de los abrazos de Dios al alma. La relación íntima con el Señor, como no consiste esencialmente en manifestaciones de carácter sensible, no da tampoco necesariamente consolaciones sensibles: los grandes escollos para la vida de unión con la Sma. Trinidad son precisamente el querer sentir los consuelos sensibles de Dios y desalentarse, cuando después de los primeros goces experimentados en la relación con Dios, el Señor, por bien del alma, la priva de ellos.

El conversar íntimamente con Dios no significa tampoco singularidades en el modo de obrar ni mucho menos la negligencia en los deberes propios, así como no quita tampoco las dificultades y los sufrimientos: tiene, sin embargo, como efecto que no se experimenta pena porque se sufre, sino más bien alegría de poder sufrir. La intimidad con Dios mueve también a la mortificación que se hace menos ardua; poco a poco conduce a una santa indiferencia en relación con todas las cosas criadas.

3. Consejos prácticos Para llegar a una dulce intimidad con Dios son necesarias una fe viva en el dogma de la presencia de la Sma.

Trinidad en las almas justas y el desprendimiento generoso de sí mismo y de las criaturas. El que quiere vivir en u. con Dios debe también amar la soledad y el silencio. Man.

Bibliografía

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