OPINIÓN
1. Concepto. - El concepto de o. pertenece a uno de los temas más discutidos por los moralistas en estos últimos tres siglos, por estar íntimamente unido con los llamados sistemas morales (v.). 2. Varias acepciones. - Para evitar la confusión distingamos el sentido objetivo y el sentido subjetivo del término: en el primer sentido la o. es una doctrina o una proposición que la expresa; en el segundo es un estado de la mente. Comencemos por este último. Con referencia a una doctrina (o proposición) nuestra mente puede encontrarse en cuatro estados diversos: adhesión plena; adhesión con temor de errar; suspensión (advertida, querida) de juicio; ignorancia (v.) completa. La o. es el estado mental de la segunda hipótesis; es un juicio pronunciado con temor de errar. Si faltase este temor estaríamos en la primera hipótesis, esto es, en la de la adhesión plena que es certeza; si faltase el juicio, esto es, la adhesión, nos encontraríamos en la tercera hipótesis, que es el estado de duda (v.). Este estado mental parece un absurdo psicológico; y lo sería si se pretendiese hacerlo nacer de solas las facultades cognoscitivas. Pero la cosa se explica observando que aquí se tiene una intervención de las facultades apetitivas, de las cuales es reina la voluntad;
intervención que se verifica cada vez que el objeto del conocimiento no irradia tanta luz que obligue al entendimiento a asentir. Ahora bien, esta luz necesitante no se tiene siempre en moral; a veces falta en la moral como doctrina, y más a menudo falta en la moral vivida, donde muchas causas, y especialmente la multiplicidad de las circunstancias del hecho, concurren a oscurecer aquella luz que pudiera tenerse en la doctrina. La moral y sobre todo la moral vivida es, por lo tanto, un campo muy favorable a la o., esto es, a aquel género de persuasiones que se obtienen con una intervención de la voluntad, la cual supera las incertidumbres de la inteligencia y manda la adhesión, no obstante la posibilidad de errar.
3. Consecuencias prácticas. - Teniendo en cuenta este concepto de la o., en sentido subjetivo, se deducen dos consecuencias: a) es imposible que una persona tenga dos opiniones sobre una cuestión determinada; si se adhiere a un término de la contradicción no puede adherirse al mismo tiempo al otro; b) nuestras opiniones revelan las disposiciones generales de nuestro ánimo, porque dependen de la voluntad, y ésta sufre el influjo de toda nuestra preformación psíquica. En cambio dando a la o. el sentido objetivo, se puede hablar de muchas opiniones coexistentes a propósito de un único problema; divergencia de opiniones, se pueden comparar sus diversos grados de probabilidad, dejando las razones que militan en favor de la una y de la otra y se puede hablar también de opiniones improbables, débilmente probables, sólidamente probables, probabilísimás.
Se suele distinguir también una probabilidad intrínseca y una extrínseca: la primera se basa en argumentos deducidos de la naturaleza de las cosas o de consideraciones objetivas; *lá segunda tieile su único fundamento en la autoridad de los autores que la sostienen. Gra.
Bibliografía
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ML
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