Diccionario de Teología Moral

Giuseppe Graneris (Gra.)

NÚMERO DE LOS PECADOS

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1. P r e m i sas y Esta cuestión la hacen problemas. - difícil y. complicada la concurrencia de diversos criterios de enumeración. Vayan por delante dos reglas o simples advertencias: a) Los pecados son tantos cuantos son los actos pecaminosos y completos acerca de objetos distintos: el que de un tiro mata a Ticio y de otro mata a Cayo comete dos pecados de homicidio;

b) Los pecados son tantos cuantas son las especies morales, aunque estén reunidas en un solo objeto o hayan, sido violadas con un solo acto; el que con una calumnia daña económicamente al prójimo comete tres pecados: uno contra la verdad, otro contra la fama y otro contra el estado económico de su víctima. En estos casos se suele decir también que existe un pecado con tres malicias.

2. N o r m a s para la s d i v e r s a s h i p ó t e s i s. Menos claras y menos ciertas son las reglas que se quieren dar g propósito de dos- hipótesis que pueden enunciarse de esta manera: pluralidad de actos con único objeto; pluralidad de objetos con único acto. En la primera hipótesis la unicidad del objeto llega a dar cierta unidad también a la pluralidad de los actos.

Pero cuando éstos alcanzan una distinción e tñtegridad clara y completa, entonces no pueden ser absorbidos en la unidad del objeto y constituyen otros tantos pecados distintos, lo cual sucede cuando la serie de los actos es interrumpida por una voluntaria retractación o por una larga suspensión. Se ha de observar que esta interrupción es más fácil que ocurra en los actos independientes entre si; y es mas difícil en aquellos ligados entre sí como medios o como guía a un fin determinado: para multiplicar los pecados de simple complacencia de un delito bastan interrupciones más breves que para multiplicar los pecados de propósito o de preparación del delito.

En la segunda hipótesis la unicidad del acto ejercita también cierta eficacia unificante en la pluralidad de los objetos. Para no aumentar la confusión conviene tener presente que aquí se habla 'de objetos morales, no físicos; y por lo tanto es también moral el criterio de su multiplicación: asi tenemos tantos objetos de pecado como son las infracciones de la ley moral. El número de los objetos robados en un hurto de animales, p. ej., no lo da el número de cabezas de ganado, sino el número de dueños: los animales son una simple cantidad, pero cada dueño pone en la balanza su propio derecho, cuya lesión es -pecado. Las opiniones de los moralistas £on tan,dlvergentes que es difícil reducirlas a unidad. Pero conviene observar que sus divergencias son más bien verbales que reas les.

El aviador qye lanza una bomba sobre un centro habitado, ¿comete un solo pecado o muchos pecados? Entre el que ve aquí un solo pecado porque es único el acto y el que equipara el número de pecados al número de víctimas parece que no existe diferencia mayor que la que hay entre el que habla de un quintal y el que habla de cien kilos. Toda esta aritmética viene aquí al Unico fin de aclarar el modo de manifestar estos pecados complejos en la confesión; y hasta los moralistas que ven en estos casos un solo pecado enseñan que en la confesión es necesario manifestar el objeto múltiple, al menos en confuso, si sólo fue contemplado en confuso, como en el caso del aviador y de su bomba. Esto es suficiente para todo buen cristiano que trate de confesar -con sinceridad sus culpas. Gra.

Bibliografía

Bibliografía

B.
A. Brown, The numerical distinction of sins according to the Franciscan School of the seventeenth and eighteenth centuries. Washington, 1948.