MALEFICIO
1. Naturaleza. - El m. es una especie de magia. Distinguimos una magia blanca, o sea natural, y una magia negra. La primera es el arte de obrar cosas maravillosas mediante fuerzas naturales, p. ej., con especial destreza, como hacen los prestidigitadores. La segunda es el arte de hacer cosas maravillosas con la ayuda e intervención del diablo. Esta magia negra puede ser practicada sólo con el fin de excitar la admiración de los demás o de sacar provecho económico, y entonces se llama simplemente magia. Puede tener también otro fin, es decir, causar un daño, causar mal a otras personas (enfermedades, quebranto económico, desgracias, desventuras de toda clase). En este último caso la llamamos con un nombre especial, esto es, m.; bajo este nombre se comprende también la brujería, hechicería, etc. El m. es, pues, una magia mala bajo un doble aspecto: mala porque se efectúa con la ayuda del espíritu maligno, enemigo de Dios; y mala porque se dirige a un fin malo, en daño del prójimo.
2. Moralidad. - Respecto del m. hay varios problemas morales: a) es evidente que no es lícito ejercitar el m. Es pecado bajo un doble aspecto.
Por ser magia negra y colaboración con el diablo es un pecado contra la virtud de la religión, que nos prescribe prestar culto solamente a Dios y no al enemigo de Dios, invocando o al menos aceptando la ayuda del espíritu maligno. Además es un pecado contra la caridad para con el prójimo y algunas veces contra la justicia,
b) Es ilícito también colaborar con el mago, invitándole a usar su arte mágica en nuestro provecho o utilidad. Esto es evidente si se trata de producir daño a otra persona o de cualquier otro fin malo. ¿Pero podría alguno invocar la obra del mago para un fin bueno, esto es, pedir que él con un acto de m. haga cesar el efecto del anterior? Esto tampoco es lícito porque el m. conserva siempre la malicia moral de la magia, a causa de la intervención del diablo. La única cosa que puede permitirse es pedir que el mago haga cesar el efecto malo si sabemos que él dispone de medios lícitos suficientes para este fin.
c) Es imprudente negar la realidad del m., sólo porque se considere que el creer en el influjo del diablo no esté de actualidad,
d) Por otra parte es también imprudente admitir con demasiada facilidad y sin razones convincentes que una persona use la ayuda o la intervención del demonio.
3. Medios contra el m. - Los medios buenos contra el m. son: a) el uso de remedios indicados por la medicina; b) los medios sobrenaturales, como la oración, los exorcismos y los sacramentales (v. estas voces); c) la destrucción de los signos y de los medios externos empleados por los magos por medio de los cuales el diablo ejerce su influjo nocivo.
Son malos y se han de evitar los medios supersticlosos, mágicos y más o menos ridículos como incluso en nuestros tiempos usan tantos supersticlosos (v. Superstición). Ben.
Bibliografía
Bibliografía
F r a t e Fuqco, Occultismo e i suol fenomeni, Alba, 1641, p. 331-354.