Diccionario de Teología Moral

Mauro da Grizzana, O.F.M. (M. d. G.)

LONGANIMIDAD

Recursos

- 1. Noción. - Longánime (de longus animus) se dice del que tiene no solamente indulgencia y clemencia, sino también sabe tener paciencia y soportar. La l. es, por lo tanto, una disposición del espíritu que no desfallece en la espera. 2. La l. de Dios. - Respecto de Dios la l. es una espera tolerante, incluso frente a los pecados, dictada por su misericordia: Dios no quiere que ningún hombre perezca, sino que está inclinado a mudar de sentencia a fin de que no perezca enteramente el que yace por fierra (II Rey., 14, 14); pero tú tienes misericordia de todos, porque todo lo puedes y disimulas los pecados de los hombres por amor de la penitencia (Sab., 11, 24); el Señor no retarda su promesa como algunos piensan; sino que usa de paciencia para con vosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos vuelvan a la penitencia (II Ped., 3, 9). Pero, ¡ ay de quien abusa de la l. de Dios! ¿Desprecias tal vez las riquezas de la bon~ dad o paciencia y tolerancia de Dios? ¿No sabes« que la bondad de Dios te invita a penitencia? Pero tú con tu dureza y tu cortlzón impenitente vas acumulando un tesoro de ira para el día de la ira y de la manifestación del juicio de Dtos (Rom., 2, 4-5).

3. La l. como virtud humana. - Respecto de nosotros la l. consiste en una espera constante, no sólo del fin de los males, sino también del advenimiento de los bienes. La Sda.

Escritura la llama paciencia de los santos (patientia Sanctorum): ésta es la paciencia de los santos, que observan los preceptos de Dios y la fe en Jesús (Apoc., 12, 12). Ellos saben que la tierra es un valle de lágrimas y que los bienes y los gozos que anhelan intensamente están reservados para la otra vida. Seguros de que no los han de perder sufren pacientemente que se prolongue su destierro y si de sus labios sale alguna lamentación va siempre revestida de una perfecta resignación a la voluntad de Dios. Por lo tanto, la paciencia en los sufrimientos, la resignación en la dilación de los gozos son los fundamentos en que se apoya su l.

En relación con los demás podemos considerar en nosotros también a imitación de lo que hace Dios con nosotros el concepto de la espera tolerante dictada por la misericordia. La acción del prójimo puede reflejarse sobre nosotros y crearnos una molestia física o moral. Somos longánimes cuando pacientemente toleramos, por hacer un sacrificio, por amor de Dios o por no agravar la situación del prójimo, las molestias de los demás. Las más de las veces el prójimo obra inconscientemente al producirnos alguna molestia; el reaccionar contra ella sería solamente una satisfacción nuestra.

Nuestra reacción puede ser necesaria a veces por una exigencia de orden público a la que no podemos renunciar (p. ej., un superior no puede tolerar que sea despreciada su autoridad). Si la vida ajena desordenada no se refleja en nosotros, al menos directamente, la l.

puede ser inspirada por un bien mayor en la espera de ocasiones mejores y más fructuosas para el prójimo o por un sentimiento de piedad, que sufre molestando inútilmente, sabiendo que una reacción no aprovecharía para nada. En cambio, no sería virtud el no reaccionar para no crearnos dificultades o porque la vida buena o mala del prójimo no nos interesa, o para no producir molestias al prójimo cuando se prevé que el disgusto ha de ser solamente de momento y que el prójimo volviendo en sí mismo reconocerá el bien que le hemos procurado. Mucho menos sería virtud una l. que dejara sin castigo las culpas que dañan al bien común, sobre todo en quien tiene la obligación de defenderlo, o también el bien privado en el caso de quien por su oficio debe dar cuenta a Dios del alma de los demás. Ai. d. G.

Bibliografía

Bibliografía

J. Leclercq, Essai de morale catholique, XV, La vie en ordre, Bruxelles, 1938, p. 369-376:
P. Tillmann, El Maestro llama, San Sebastian, 1955, p. 29, 335.

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