Diccionario de Teología Moral

Carlo Riz (Riz.)

LENGUAJE BAJO

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1. Definición. - Por l. bajo entendemos el uso — en conversación ordinaria — de palabras y frases obscenas, triviales o vulgares (erotica verba, sordida verba y rustica verba).

2. Consideraciones psicológicas. - Es un hecho cierto y doloroso que el l. bajo va adquiriendo una especie de derecho de ciudadanía en clases y ambientes sociales que por razones de nacimiento, de educación y de buen gusto no debiera ni siquiera haber sido conocido; debemos dar de este hecho una explicación suficiente. Nos parece por lo tanto necesario señalar los motivos (de orden psicológico y tal vez también psicopatológico) que gobiernan tanto la formación y el uso del lenguaje trivial como su ascensión de los estratos inferiores y patológicos de la sociedad a los estratos superiores. Los estudios de los sociólogos han demostrado ya hace mucho tiempo que las palabras bajas nacen de la amputación o de la deformación mecánica de las palabras de la lengua corriente, o más a menudo de la degradación de los objetos o de los conceptos que se quieren expresar. Obrando de este modo el l. bajo desfigura y deforma las palabras del uso normal para atacar y ridiculizar las cosas y conceptos que ellas representan.

A veces los rustica verba pueden equivaler a una descarga agresiva de los que viviendo en los grados más inferiores de la escala social y no educados en el sentido cristiano de la vida ven con un sentido comprensible de rencor y de envidia a los que están más en alto y hablan la lengua común y pulida del diccionario oficial; los instintos menos nobles encuentran así un desahogo liberador atacando, desfigurando y mofándose de las cosas y las personas colocadas en una posición más alta que ellos. Respecto de los erotica verba debe tratarse también de una descarga de los instintos bajos que las personas bien nacidas están en situación de frenar y desviar, mientras que los individuos vulgares no consiguen inhibirlas y se sirven incluso de aquellas palabras para dar desahogo de algún modo a solicitaciones sexuales. Añádase que las palabras obscenas se presentan con relativa frecuencia en el lenguaje de los oligofrénicos y de los frenasténicos. Trátase de una tendencia particular del espíritu de estos enfermos, como afirmaba Sollier hace ya más de 60 años.

En cuanto a los sordida verba, la interpretación psicológica que se ha de dar es semejante a la que hemos sugerido para las palabras impúdicas, con añadidura de cierto sentimiento de crueldad. La predilección por lo repugnante y sucio puede tener su raíz oculta en un sentimiento de crueldad y de erotismo; también aquí los individuos y las masas por razones biológicoindividuales, o por maligna presión del ambiente, o por otras causas, ven surgir más fácilmente de sus bajos fondos estos impulsos instintivos y transformarse en la explosión verbal. Naturalmente el impulso madura y estalla por falta de educación adecuada, especialmente en particulares circunstancias de ambiente. Aclarada a la luz de la sociología y de la psicología la génesis del l. bajo, debemos tratar todavía de comprender por qué se difunde en los rangos sociales elevados. Las causas de esta difusión son muchas. Algunos rustica verba se han ido imponiendo poco a poco por haberse ido olvidando, o al menos despreciando, el motivo de su significado y constitución primitiva en los bajos fondos de la sociedad.

La relajación de las costumbres, propia de algunas épocas, y de la que nuestros días no están ciertamente inmunes, ha favorecido por su parte con la insurrección anárquica de los instintos inferiores la propagación del l. bajo en general. Esta difusión nos parece deberse también a las circunstancias de que una parte no pequeña de la humanidad contemporánea ha vivido por más o menos tiempo en circunstancias excepcionalmente desfavorables bélicas o postbélicas. La promiscuidad de los sexos, hoy tan en boga, es también un incentivo notable por parte de las personas débilmente provistas del autocontrol, en el uso de los verba erotica et sordida; este uso — al igual que cualquier otro mal ejemplo — se difunde fácilmente por obra de cuantos son inclinados a una simiesca imitación de cuanto ven o que piensan que de esta manera adquieren una especie de madurez espiritual, enriqueciendo su conversación con palabras tabernarias o groseras.

Estos diferentes motivos hacen que el l. bajo se vaya propagando abiertamente en las escuelas, en los salones y en los lugares públicos, y que se vaya empleando la conversación común para dar fuerza al argumento, para hacerse interesante o gracioso, o para adaptarse a los tiempos. Así, sobre todo por parte de la juventud, se ha creado y está en auge una fraseología esmaltada de palabras dialectales o de la jerga, de interjecciones groseras o curiosamente estereotipadas, de manierismos verbales, de términos equívocos o palabrotas realmente de taberna.

3. Reflejos morales. - El l. bajo encuentra hasta cierto punto su explicación cuando se emplea en los estratos inferiores de la sociedad, si bien el mismo pueblo ignorante que tiene un alma delicada y sobre todo sentido de la cortesía y educación cristiana se abstiene de las palabras viles o groseras. El lenguaje vulgar puede explicarse también dentro de ciertos límites cuando lo emplean escritores (comediógrafos y novelistas) con la intención de dar más carácter a algún personaje vulgar, innoble o despreciable. Limitándonos a algunos rustica verba, cuando estas palabras sean usadas por personas cultas con motivo suficiente y con parsimonia, y dentro de los límites de la limpieza y buenos modos, no constituyen motivo de reprobación, ya que imprimen al discurso una significativa evidencia que puede enriquecer, precisar y mejorar la expresión del pensamiento.

En cambio, no hay justificación ética ninguna cuando se trata de verba erotica et sordida, empleadas a veces incluso por personas cultas, bien nacidas, educadas, y precisamente en estos casos es cuando se habla ordinariamente de l. bajo para significar precisamente el uso de palabras groseras o sucias en las conversaciones habituales de la buena sociedad. ¿Cómo se puede combatir el vicio del l. bajo? Ésta es cuestión principalmente de educación o mejor de reeducación: conviene que quien usa estas groseras expresiones sea reprendido amorosa, pero firmemente, cada vez que se le escape una palabrota. Como enseña la psicología de la conducta, la palabra es también acción, ya que en el fondo decir es hacer, esto es, comportarse: de aquí se saca el corolario de que el l. bajo, incluso por su origen, denota falta de dignidad y de conciencia de la propia posición intelectual y moral.

Cuando se convence de esto quien cae en este defecto no tarda en perder su mal hábito, sugerido generalmente por el deseo pueril de estar a la altura de los tiempos con estos signos tan poco originales de... distinción y de snobismo, que tienen no pocos puntos de contacto con la blasfemia de los que no quisieran con ella ofender a Dios, pero la emplean (sobre todo cuando están encolerizados) como interjección deplorable y peligrosa, con grave escándalo de todo espíritu educado y fino. Los que por deficiencias de crítica o de frenos inhibitorios se muestran reacios a una reeducación persuasiva pueden ser llevados a un neuropsiquiatra, que podrá colaborar en la curación conveniente de las anomalías intelectuales afectivas o morales que pudieran existir, de las cuales es expresión el l. bajo. Sobre la especie y gravedad del pecado del l. bajo, v. Conversaciones malas. Riz.

Bibliografía

M. Benvenuti, Fondamenti bio-psicologici per una igiene mentale delle principali fasi della vita umana, Roma, 1949
A. Niceforo, Basso linguaggio. Psicologia , psicopatologia, arte, en Gazzetta sanitaria, 21 (1950), n. 3.