JAINISMO
1. Noción. - Fundado por Vaddhamana, nacido en Kundaggana (Vesali) en el s. vr a. C., denominado Mahavida, el gran héroe, y Gina, el triunfador de las pasiones humanas, el j. se presenta como una rebelión contra la exégesis brahmánica, que de una casta, rebelión preparada por la especulación upanishádica, que negaba el valor del ritual y ponía la salvación en la meditación liberadora. Como su contemporáneo el budismo es considerado heterodoxo por los brahmanes, en cuanto rechaza la autoridad del Veda. El j. ve en el mundo dos especies de seres absolutamente opuestos; por un lado una multitud de almas, irreductibles, reales, independientes; por el otro la materia concebida como capaz de convertirse en cualquier cosa ¿egün la forma que le dé el alma. Ésta está movida a informar la materia por impulso exterior al cual nada se puede sustraer y desarrollar en el seno de la materia misma cierta actividad llamada karman, que según sea buena o mala determina el paso a nuevas formas superiores o inferiores. Pero hay que libertarse de esta ley de transmigración para obtener la independencia absoluta y el reposo completo (con la extinción) del alma.
2. Contenido moral. - Aun aquí (como en el budismo nos encontramos con el maestro, la doctrina, el orden) existe la trip le joya cuya posesión da la liberación : 1) el refugio en Gina; 2) el conocimiento de la naturaleza del mundo y los medios para alcanzarlo; 3) la conducta verdadera, esto es, la extinción del karman, que conduce a la liberación o m ukti (especie de nirvana). El medio práctico más eficaz es el ascetismo, pero sobre este punto los jainistas se dividen en dos escuelas : los digambara, vestidos de aire, esto es, desnudos, más rigoristas, que practican el ayuno y van desnudos, al menos durante la comida, a semejanza de su maestro, quienes admiten a su imitación que se pueda apresurar la muerte por inedía; los svetambara, vestidos de blanco, que no admiten los rigores de los primeros. Esta diversidad de vestido se refleja también en las estatuas de los dioses. Como sistema filosófico el j. mantiene la vía medía entre la especulación brahmánica y el budismo en cuanto admite con la primera la.permanencia absoluta y unitaria del atman y concibe la materia como permanente; y sostiene con el budismo la tránsitoriedad de las cosas, cuyas cualidades o accidentes pueden mudar.
De donde el juicio acerca de una cosa implica un aspecto verdadero y otro falso. El j. posee un cuerpo de escrituras sagradas llamadas Siddhanta, actualmente seguido por los svetambara, cuya constitución defipoco despuEs de 450 p. C. Los digambara tienen un cuerpo propio de escrituras distribuidas en cuatro Vedas.
3. Datos críticos. - El j. es un sistema ateísta. Para el jainista son objeto de fe y veneración los seres supremos; pero éstos son almas llegadas a una condicion más feliz por haber obrado bien y son por lo tanto dignas de respeto; sólo el pueblo ha terminado por considerarlas como verdaderas y propias divinidades a las que se hacen ofrendas y se piden gracias. 4 La metafísica y la cosmología que sirven de base a la ética jainista es un cúmulo de los más groseros errores que van desde la eternidad de la sustancia a un relativismo del ser, indeterminado y en devenir continuo, a la animación universal (todo lo que existe, desde el hombre hasta las partículas infinitesimales de la tierra posee un alma). La unión entre el alma y el cuerpo no es natural en el sentido entendido por nuestra filosofía tradicional, sino más bien una prisión del alma en la materia, concebida a modo de composición química.
De aquí la lucha entre los procesos de absorción y los procesos de descargue hasta que se llega a la liberación del alma. Los preceptos de la moral jainista tienden precisamente a la aniquilación absoluta de la materia y son de una severidad inhumana.
La disciplina impuesta a los jainistas que se extiende a los actos mismos de la vida y el concepto fundamental de 'la no violencia por el cual se prohíbe la supresión de cualquier forma de vida mueven al ayuno, que llega hasta la muerte voluntaria, y a la inacción. No es de maravillar, por lo tanto, que se haya difundido tan poco el j., restringido sólo a algunas castas particulares y en retroceso continuo. Pal.
Bibliografía
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