INDUSTRIALISMO
1. Origen. - Carácter propio del mundo económico de la edad moderna, debido a la neta preponderancia en él de la máquina. La historia del mundo occidental en orden a la economía se suele dividir en cuatro períodos: esclavitud, servidumbre, artesanado, capitalismo. En los tres primeros períodos, que abrazan una larga sucesión de siglos, si bien profundamente diversos el uno del otro, la parte preponderante en la producción se debe a la actividad humana, aunque en ella el hombre, para potenciar su trabajo, se ha valido siempre de algún instrumento (cuchillo, martillo, aguja, arado, etc.); en el último período, por el contrario, la producción y la circulación de la riqueza se han realizado en un porcentaje elevadísimo por complejos de máquinas accionados por fuerzas naturales: el hombre generalmente no ha tenido sino una parte accesoria, aunque de carácter directivo.
2. Desarrollo. - El industrialismo, aunque su primera aparición de algún relieve fue en el campo textil, se ha expresado y afirmado sobre todo en el sector minero, siderúrgico, metalúrgico, mecánico, químico y de los transportes; es decir, en sectores en que las materias primas y las energías accionadoras son suministradas por la naturaleza inorgánica; tanto que cuando se habla de industria se suele referir a una esfera económica opuesta, o al menos distinta, de la agrícola. Pero como consecuencia de los ingentes progresos químicobiológicos, el proceso de industrialización se ha ido extendiendo cada vez más, incluso en la agricultura, tanto en la realización de los cultivos como en la elaboración ulterior de los productos. Más aún, puede decirse que ya no existe esfera ninguna de la vida social donde no tenga su puesto la industrialización (escuela, diversiones, medicina, bancos).
3. Defectos y virtudes. - El industrialismo se suele decir que más que el triunfo del hombre sobre la naturaleza ha significado el triunfo de la máquina sobre el hombre. Urbanismo, desintegración del artesanado, régimen salarial en su configuración histórica, han sido y son hasta ahora sus aspectos humano-sociales de carácter netamente negativo. Pero el hombre, aunque entre alternativas fatigosas, se va levantando. El movimiento sindical cada vez más amplio y vigoroso, las corrientes políticas más acomodadas a los tiempos, una legislación social cada vez más rica en preocupaciones genuinamente humanas; la inserción progresiva de las relaciones laborales en la ordenación jurídica, el creciente interés de los obreros por la vida de las empresas, son otros tantos momentos del desquite del hombre sobre la máquina; desquite que no podrá menos de ser completo. La máquina de esta forma volverá a ser lo que debió ser siempre: un medio de que se sirve el hombre para poner las fuerzas de la naturaleza a su servicio; su liberación de las fatigas más humillantes y penosas; un margen más amplio para atender al enriquecimiento de su ser en la esfera del espíritu. Pau.
Bibliografía
C. Barbagallo, Le origini della grande industria contemporánea (1750-1850) , Perugia-Venezia, 1929-30
L. Pommery, Breve visión de la historia económica contemporánea , Barcelona, 1955.