Diccionario de Teología Moral

Carlo Riz (Riz.) · Ludovico Bender, O.P. (Ben.)

HIGIENE

Recursos

1. Generalidades. - La h. (del griego ὑγίεια = salud) es la rama de la medicina que estudia los medios para evitar las enfermedades. Sus orígenes se remontan a los de la civilización humana, pero como ciencia orgánica fundada en sólidas bases, puede decirse que apenas pasa de la segunda mitad del siglo pasado, es decir, de la época de los grandes descubrimientos sobre la naturaleza de las enfermedades infecciosas. Para conseguir sus fines la h. no limita sus investigaciones y su acción al hombre, sino que las extiende a todas las condiciones del ambiente externo que influyen sobre el hombre. Así tenemos, para nombrar solamente los principales temas tratados por el higienista: la h. del agua, del aire, del suelo y de los alimentos; la h. de los tejidos y del vestido; la h. de las habitaciones, de las escuelas, de los hospitales; la bacteriología y protozoología, epidemiología y la profilaxis; la h. del trabajo y la lucha contra las intoxicaciones profesionales; la h. mental; la política sanitaria.

Con la implantación de las normas higiénicas se ha ido reduciendo de una manera evidente el número de casos de enfermedad y de muerte: baste recordar el número enorme de víctimas que se han salvado en los tiempos modernos gracias a la vacuna y a las grandes obras de saneamiento.

2. Métodos. - La h. se vale esencialmente de estos tres métodos: la observación directa de los hechos; la elaboración y análisis estadístico de los datos numéricos logrados en la observación de los fenómenos que interesan a la ciencia médica; la investigación experimental; con estos métodos se trata de llegar al conocimiento completo de las causas patógenas y de su modo de obrar, a fin de conseguir los procedimientos racionales de lucha contra las enfermedades. La eficacia de estos procedimientos será más tarde controlada bien examinando sus efectos inmediatos en los hombres y en las colectividades, bien ensayándolos experimentalmente, bien juzgando de sus resultados en las aplicaciones prácticas sobre grandes masas de individuos. Riz.

3. H. y ley moral. - Es evidente que no todas las normas de la h. tienen la misma importancia. La norma higiénica en cuanto tal no impone en general una obligación de conciencia. En otras palabras, la violación de las normas higiénicas no constituye siempre un pecado ni siquiera leve. Pero por otra parte el vivir higiénicamente no es del todo indiferente bajo el aspecto moral. Ante todo existen leyes morales impuestas por Dios mismo que son al mismo tiempo normas higiénicas. ¿Quién no sabe que con la transgresión de las leyes morales el individuo ocasiona con frecuencia grave daño a su salud (enfermedades venéreas) y al estado de salud de todo el pueblo (alcoholismo con todas sus funestas consecuencias)? Por esta razón advierte el mismo Espíritu Santo que quien peca ante su Creador caerá en las manos de los médicos (Ecle., 38, 16). Por el contrario, cuando se trata de normas higiénicas que no forman parte de la ley moral podemos estar obligados en conciencia a observarlas por dos razones.

Primero, cuando la autoridad pública establece una norma higiénica como ley estrictamente obligatoria para evitar un peligro notable de la salud, p. ej., las leyes que prescriben el modo de tratar a los enfermos contagiosos, las leyes dictadas para combatir una grave epidemia. Segundo, cuando con el descuido de una norma higiénica exponemos a un serio peligro la salud propia y la de los demás. El hombre tiene obligación de conservar su salud por ser un don preciosísimo del Creador, necesario para cumplir bien nuestros deberes en esta vida. Por esto no es lícito exponerla a daños ciertos o peligros más o menos graves, si no tenemos razones proporcionadas que justifiquen esta conducta. La obligación es tanto más grave y la transgresión menos fácilmente justificable cuando se trata de una norma higiénica más importante, porque en tal caso la transgresión expone a un daño más grave o a un peligro más próximo e inmediato.

4. H. y legislación social. - No se puede negar que la vida de la gran masa de los hombres deja mucho que desear en cuanto a su aspecto higiénico. Muchos casos de muerte prematura, de largas y dolorosas enfermedades y otras miserias semejantes, que causan graves sufrimientos y disminuyen, si no destruyen, la felicidad de muchas familias, se evitarían si los hombres observaran mejor las normas de la h. Pero sería un error pensar que la culpa se encuentra única o principalmente en las clases populares. Cierto que a menudo hay falta de buena voluntad, indiferencia, descuido voluntario, ligereza; pero hay también mucha ignorancia por falta de instrucción; y sobre todo hay en muchos casos una imposibilidad práctica. La masa del pueblo se ve obligada a vivir en condiciones económicas y sociales de tal naturaleza que hacen absolutamente imposible la observancia de muchas normas higiénicas, o al menos tan difícil que no se puede exigir o esperar ni de las personas ni de las familias. Crear condiciones económicas o sociales favorables a la h. es la medida higiénica más urgente en nuestros tiempos.

Si los gobiernos combatiesen con más seriedad los grandes enemigos de la h.: la inmoralidad privada y todavía más la pública, el pauperismo y la falta de justicia social (la Iglesia y los Sumos Pontífices no cesan de insistir sobre este tema), el pueblo escucharía y observaría mejor las prescripciones y consejos de la h. Ben.

Bibliografía

L. Ottolenghi, Trattato d’igiene , Milano, 1932
O. Pastori, Il problema igienico familiare , en Il matrimonio e la famiglia cristiana , Milano, 1945.

Voces relacionadas

Internas