HEBRAÍSMO (fuera de la tradición cristiana)
1. Premisa. - El pueblo hebraico que había sido vehículo de la Revelación cuando ésta se presentó en su plenitud con Cristo y los apóstoles, la rechazó, al menos en el mayor número de sus componentes, y se puso fuera de la Iglesia; sin embargo, continuó una vida religiosa con su propio culto, creencias y moral. Su orientación general se ha hecho anacrónica, ya que en tanto que la Iglesia se dirige toda a Aquel que vino a redimirnos y salvarnos, el h. se ha encastillado en una espera que no puede menos de ser vana y, al menos en la realidad objetiva, blasfema.
2. Culto. - La palabra abhôdâh , que indicaba la acción litúrgica en forma de culto sacrifical cruento, pasó después de la ruina del templo de Jerusalén a significar oración. La víctima se ofrece en don para obtener la reconciliación con Dios; en la oración y en las obras de caridad el hombre se da, se ofrece. El servir a Dios con todo el corazón (Deut., 11, 13) se refiere —según los doctores palestinenses— a la oración, lo cual vale también para el pasaje de Oseas, 14, 3: «perdona toda iniquidad y acepta la palabra (y no “el bien”) y nosotros te ofreceremos el valor de los becerros con nuestros labios». Al atardecer y durante la noche se temían los demonios, pero los doctores insistían en que se recordase todas las tardes el éxodo de Egipto, esto es, la obra protectora y salvífica de Dios. Éste es el significado que los doctores querían se atribuyese a las filacterias sobre el brazo y sobre la frente y a los rollos de pergamino colocado junto a las jambas de las puertas, que el Oriente semítico consideraba ser la sede preferida de los genios maléficos.
3. Creencias. - La idea de la ley revelada recuerda de continuo al Legislador, Dios santo y trascendente. Sin aceptar la idea de la hipóstasis, el h. postbíblico considera a Dios como una personificación de la Sabiduría y del Verbo ( logos , memrâ ), aunque en un sentido muy diferente del cristiano. Todo hombre adulto en Israel reza por la mañana y por la tarde el Escucha (Deut., 6, 4-9; 11, 13-21; Núm., 16, 37-41), el Credo en la unidad absoluta de Dios. Antes y después del Escucha se dicen algunas bendiciones. Después del rezo se repite un trozo litúrgico ( Es verdadero y cierto ) que confirma el contenido del texto fundamental. Las Dieciocho Bendiciones tratan de Dios como el Dios de los patriarcas, el Dios que da la lluvia y hace resucitar a los muertos; el Dios santo, dador del conocimiento interior de la verdad, poder discriminativo entre el bien y el mal; el Dios dador de los productos de la tierra; se le pide la conversión de los que están alejados de la fe y la gracia de hacer que todos los fieles dispersos vengan a reunirse sobre el suelo sagrado. Las últimas bendiciones invocan al Señor pidiéndole pan y ofreciéndole alabanzas.
Israel se considera el pueblo elegido y en relaciones de alianza con Dios, o sea, el pueblo protegido del Señor. A Israel el Señor le ha confiado una misión sacerdotal entre todos los pueblos. El Mesías es el rey ungido de Dios mismo que traerá la salvación a Israel, la justicia y la salvación al mundo entero.
4. Moral. - La vida del hombre en Israel se compone naturalmente de obras buenas y de pecados, méritos y deméritos, y todo hombre, y no sólo el pueblo como colectividad, será juzgado por Dios. Se reconoce el principio de la fragilidad humana, pero no el del pecado original. Con la ayuda de la ley el hombre debe luchar contra el mal, aunque todo dependa de Dios. El estudio de la Ley aleja al hombre del pecado y le abre el camino a la santidad. La base de la moral es el decálogo. La moral conserva un carácter religioso y legal. La regla de oro es: No hagas a otros lo que no quieras que te hagan a ti, o sea, se prefiere la forma negativa a la positiva. La vida se ha de considerar como puesta al servicio de Dios por amor y no por interés. El hombre debe conservar cierto respeto para consigo mismo, debe suplicar a Dios el perdón de sus pecados, observar las fiestas, los ayunos y las prácticas expiatorias sin darse sin embargo a un austero ascetismo y sin amor al dolor y a los sufrimientos. Se da mucha importancia a una vida familiar limpia y basada en el respeto y afecto recíproco; el estado de virginidad no es apreciado.
El vínculo conyugal es soluble por medio de la libre entrega y aceptación del libelo de repudio ante el tribunal rabínico. Al deber de amar a Dios está asociado el de amar al correligionario, pero también el extranjero debe ser amado porque «fuisteis extranjeros en tierra de Egipto». El deber de la justicia y de la caridad tiene vigencia para con todos. La caridad vale por su contenido de bondad. 5. Mística. - En cuanto a la vida mística: no se presupone el estado de éxtasis, el abismarse el hombre en Dios. Las doctrinas místicas se basan en el concepto del carro de Dios de Ezequiel y en las visiones celestiales de Isaías; por lo demás se trata de una vida religiosa interior. La literatura mística considera además la obra de la creación por parte de Dios y el hombre preexistente, exponente de las diez sefiroth y el misterio del nombre de Dios. La oración tiene por objeto crear un vínculo de unión entre el orante y Dios. El amor de Dios implica la prontitud en dar la vida para santificar así el Nombre de Dios.
La literatura cabalista desde el punto de vista históricoliterario se ha de considerar como un producto medieval, pero la doctrina en cuanto tal se remonta en sus elementos constitutivos a los tiempos del nacimiento del cristianismo. La obra principal de la cábala es el Zohar (esplendor). El pietismo, hasidismo, representa el reflorecimiento de la cábala en tiempos más cercanos a nosotros. La celebración de las fiestas principales y del sábado abunda en elementos místicos entremezclados con elementos angelológicos.
6. Datos críticos. - Más que la moral en el h. es el culto y el dogma lo que constituye la ofensa de Dios, ya que sus diferencias con el cristianismo se basan en la negativa a escuchar su voz, que se ha hecho oír con más elevada resonancia en la plenitud de los tiempos (cfr. Jn., 1, 1 ss.). Por consiguiente, los actos del culto hebraico constituyen actos contrarios a la virtud de la religión, ya que honran a Dios con un culto falseado por los acontecimientos y la moral ha quedado imperfecta por no haber aceptado la integración y el perfeccionamiento traído por Cristo. Zol.
Bibliografía
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J. Bonsirven, Le judaïsme palestinien , I, París, 1934, y II, París, 1935
L. Bouyer, La Bible et l’Évangile , París, 1951
R. Llanas de Niubó, El judaísmo , Barcelona, 1935
V. Risco, Historia de los judíos , Madrid, 1954.