Diccionario de Teología Moral

Ludovico Bender, O.P. (Ben.)

EMBRIAGUEZ

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1. Noción. - Hablamos de la embriaguez como estado, esto es, como falta temporal del uso de la razón como consecuencia del abuso de gran cantidad de vino o de bebidas alcohólicas. Y de la embriaguez como acto, por el cual se causa dicho estado y dicho defecto, esto es, mediante el uso excesivo de bebidas alcohólicas del cual se sigue la privación temporal del uso de la razón.

2. Malicia. - El pecado de embriaguez consiste precisamente en el acto: la falta de razón es efecto del pecado. Pero el acto es precisamente este pecado (esto es, la embriaguez), porque provoca voluntariamente la privación del uso de la razón. Por el abuso de bebidas alcohólicas puede el hombre cometer otros pecados, p. ej., arruinando su salud corporal, sin llegar a perder el uso de la razón (v. Alcoholismo). En este caso no existe el pecado específico de embriaguez. Por otra parte es posible que un hombre provoque la embriaguez como estado y no peque, p. ej., cuando el uso de una gran cantidad de licor alcohólico es necesario para curarse de una enfermedad. Este caso es, sin embargo, excepcional. La embriaguez perfecta, si es plenamente voluntaria, es pecado grave. Así lo enseña la moral, fundándose en la Sda. Escritura y en la valoración común de los hombres. Es un desorden grave privarse del uso de la razón, ya que es ésta precisamente la que debe gobernar toda la actividad del hombre y hacer que sus actos sean conformes con la ley de Dios. De hecho de la embriaguez se siguen muchos actos pecaminosos y muchos perjuicios.

El hombre que, a pesar de saberlo, se embriaga voluntariamente, aunque durante la embriaguez no sepa lo que hace, es responsable de sus actos. Si la embriaguez es solamente imperfecta, de manera que la razón está más bien perturbada y no precisamente impedida gravemente o anulada, de suyo no es pecado grave. Por las circunstancias puede, sin embargo, convertirse en pecado grave, p. ej., si la falta de la razón perfecta provoca graves peligros para la vida propia o para la de otros (como en el caso de un chófer, encargado de una máquina, etc.) o es causa de grave escándalo. La embriaguez es un pecado ignominioso, porque la razón da al hombre su dignidad y lo eleva por encima de las bestias. Si la embriaguez se convierte en hábito el hombre no se libera de ella sino con gran dificultad. Ben.

Bibliografía

A. Gemelli, Il gran nemico, Treviso, 1908 D. M. Prümmer, Manuale theol. moral., II, p. 516-520, n. 666-671
F. Tillmann, El Maestro llama, San Sebastián, 1955, p. 260 ss.
E. Martire, Alcoolismo, en EC, I, 729-732.

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