CRÍTICA (acto de la mente)
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1. Concepto. - C., en sentido etimológico, equivale a un juicio cualquiera. Pero este nombre se reserva hoy de hecho a los juicios pronunciados sobre el valor de las producciones del espíritu humano; por donde tenemos una c. estética, literaria, histórica, etc. En filosofía la palabra ha venido a significar un juicio de segundo grado, esto es, el juicio acerca de la verdad de nuestros juicios, o sea, el juicio acerca del valor objetivo del conocimiento humano.
2. C. filosófica y sus repercusiones. - La solución del problema de la c. filosófica tiene graves repercusiones en la doctrina moral. La solución negativa es el escepticismo, el cual señala la ruina completa de las persuasiones humanas y por lo tanto también de todos los preceptos éticos. La solución positiva pudiera llamarse dogmatismo; y éste pudiera dividirse en idealista y realista, según que limite el valor de nuestros conocimientos a nuestras ideas o lo extienda a las cosas. (Se ha de observar, sin embargo, que los idealistas llaman dogmáticos a los realistas, y los realistas llaman escépticos a los idealistas.) Estos problemas se han agudizado en los últimos siglos por las obras de Descartes y de Kant, siendo este último considerado como el padre de la c., o mejor, del criticismo moderno. Su doctrina en lo que a nosotros nos concierne puede resumirse en estas palabras: tanto nuestro conocimiento sensible, como el intelectivo, no nos ponen en contacto con la realidad de las cosas; nuestros juicios pueden tener un valor subjetivo, pero no objetivo; nos dicen cómo se nos aparecen las cosas, no como son. Y es el naufragio de la verdadera objetividad de nuestros conocimientos.
La doctrina, tal como fue expuesta por Kant parecía salvar todavía de la ruina el mundo moral, porque, negado el valor de las facultades puramente cognoscitivas, se había detenido ante la conciencia del deber, y sobre ella había fundado la fe en Dios, en la libertad humana, en la inmortalidad del alma. Pero los discípulos de Kant vieron aquí una incongruencia. Si nuestras facultades cognoscitivas (pensaron ellos) no nos garantizan la verdad objetiva en el campo teórico, ¿cómo podrán garantizárnosla en el campo práctico? Para construir sobre la conciencia del deber es preciso admitir la objetividad de las ideas del bien y del mal; objetividad que es de la misma naturaleza que la- de los conocimientos teóricos. Si por lo tanto son verdaderas las conclusiones de la c. de la razón pura (teórica), son falsas las de la c. de la razón práctica. Y así naufraga la misma ética. Gra.
Bibliografía
A. Farges, La crise de la certitude Paría, 1907
D. Sanna, La teoría della conoscenza in
S. Tomas d'Aquino, Firenze
O. Mattiussi, II veleno Kantiano, Roma, 1914
E. Hugon, Critique et Catholique, París, 1914-1921, 2 vols.