CONSERVADORISMO
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1. Noción. - La palabra tiene hoy un sentido poco simpático: se usa para indicar una disposición de ánimo defectuosa, un exceso de apego al pasado, en las costumbres, en las leyes, en los sistemas de gobierno. La misma Iglesia fué acusada de c., especialmente durante el siglo pasado por su actitud de desconfianza frente a la revolución liberal. Pero es justificado el deseo (aunque sea difícil en las determinaciones prácticas) de mantener un equilibrio entre las fuerzas de movimiento y las de resistencia que obran en la vida de todo organismo, comprendido el organismo social. Aun para el cuerpo humano en los períodos de crisis es justo dar preferencia a las fuerzas conservadoras que obran guiadas por el instinto vital: sólo cuando el cuerpo ha realizado su crecimiento y está en buena salud se puede dar campo a las fuerzas de expansión, anidadas también en el instinto, pero que fácilmente pueden convertirse en fuerzas perturbadoras de la vida. La necesidad del progreso no debe hacer olvidar la otra necesidad de tener firmes ciertos cánones fundamentales a los que la misma existencia del hombre y de la sociedad está ligada.
C. condenable sería el de querer mantener a toda costa entre estos cánones ciertas normas de vida o costumbres que no son verdaderamente fundamentales y que útiles en un tiempo ya no lo son en la actualidad.
2. Partido conservador. - Actualmente tal vez sólo en Inglaterra exista un partido político que se llama conservador; en los demás países el nombre es tan odiado que nadie lo adopta por el temor de aparecer contrario a las reformas sociales cuya necesidad todos afirman. De hecho los mismos conservadores ingleses realizaron no pocas de ellas: esto muestra en ellos un concepto más orgánico del conservador. Para conservar la vida hay que perm itirla un justo desarrollo. Los conservadores del continente por el contrario se mostraron en general menos previsores y de aquí su quiebra.
3. Cla se c o nser v a d o r a. - Hoy se entiende por conservadora a la clase de los habientes que defienden su propiedad. Contra ellos están los no-hablentes que invocan una mayor Justicia social (v.), o sea, una distribución más equitativa de la riqueza. La justicia social se ha de poner por encima de los intereses: reconocer los derechos verdaderos dondequiera que existan de una parte y de otra. De aquí la necesidad de superar las meras leyes positivas (elaboración histórica en la que los conservadores se encastillan con poca razón) y de remontarse al derecho natural que hace posibles nuevas aplicaciones según las nuevas condiciones de la vida" de los principios fundamentales de justicia, objetivos y no subordinados a los intereses de ninguna clase. Así nació la elaboración reciente de una doctrina social favorecida y dirigida por la Suprema Autoridad de la Iglesia Católica. Boz.
Bibliografía
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