Diccionario de Teología Moral

Pietro Palazzini (Pal.)

CONFUCIANISMO

Recursos

completo

1. Noción. - Es el nombre que se da a la antigua religión nacional de China, a la que el filósofo Confucio dió una sistematización, confirmando por una parte la antigua tradición del país y despojándola por otra de elementos ulteriores en nombre de una concepción filosófica más elevada.

2. Datos históricos. - El estadio más antiguo y el núcleo central de la primera religión china consiste en la adoración del cielo T'ien, concebido bajo un aspecto más bien material, y llamado también Shang-ti, o espíritu o emperador del cielo, venerado como el supremo gobernador del mundo, estrictamente ligado a la dinastía reinante y por ella al país. Esta divinidad celestial está por encima de las opiniones humanas, no obra por impulsos o sentimientos personales. Su obra procede según la ordenación general de la naturaleza, en la cual manda la diversa sucesión de los fenómenos meteorológicos y telúricos conforme a los deseos de los agricultores chinos y de los burócratas directores del Estado, el progreso normal de todos los negocios del país es la señal de la armonía que reina entre el cielo y la tierra con los hombres que la habitan.

Pero cuando estallan cataclismos imprevistos turbando la armonía del Estado, es señal evidente de que también la armonía entre la tierra y el cielo está rota; y en este caso, los hombres, o mejor el emperador que los representa a todos y está en directa comunicación con el Cielo, por ser su hijo, debe restablecer la armonía mediante los ritos y las ceremonias oportunas. La mirada del chino no se levanta al cielo, sino que se dirige a la tie rra; no especula sobre la naturaleza de Dios y, por lo tanto, no conoce la mitología, sino que trata de que las relaciones entre la potencia misteriosa de arriba y la tierra con sus habitantes estén tranquilos y en calma, y le sean provechosos a él mismo. Se siente movido a considerar el lado social de la religión y a dar valor sólo a aquellos elementos que se traducen en bienestar social. Por este motivo los ritos tienen en este pueblo un valor especial en cuanto que restauran el equilibrio perturbado en la balanza en que se contrapesan el cielo y la tierra. Junto a la adoración del cielo se ha de poner como segunda columna fundamental del simplicísimo edificio de la religión china el culto de los antepasados.

El chino tiene su mirada vuelta al pasado y entre los objetos de veneración que en él descubre el primero es la serie de los antepasados, de los que recibió la tradición familiar y civil, que a su vez ejercitaron el rito y están rodeados de la veneración de los vivientes. Desde las edades más remotas todos sacrifican a sus antepasados: comenzando Por el emperador que tiene siete salas con otros tantos altares destinados al culto de los Antepasados. El pueblo venera a los antepasados en un rincón de su casa. Después del cielo y los antepasados vienen los espíritus, tanto los espíritus superiores elevados a una especie de deificación, como los que presiden los fenómenos de la naturaleza y las diversas actividades de la vida humana. Este mundo secundario es numerosísimo y da lugar a las numerosas prácticas espíritumágicas, que asemejan la religión de los chinos a la de sus hermanos mongólides, errantes por las altiplanicies y estepas del Asia Central.

3. Confucio. - Esta antigua religión sin mitología, sin un cuerpo de doctrina, sin sacerdocio especial, ha tomado el nombre de confucianismo, de Confucio (Kongtsé), sabio reform ador de la familia Kong, nacido en el principado de Lu en el año 551 a. C. Vivió en una época atribulada para la China todavía feudal, ya que el poder central no conseguía dominar a los grandes vasallos, que se destrozaban mutuamente, agravando la situación política y provocando cada vez más la disolución del venerado patrimonio de tradiciones y creencias. Habiendo quedado huérfano siendo aun muy joven y obligado a ganarse la vida, entró en los empleos públicos, pensando ayudar de esta manera a la pacificación política de su patria. Fué dos veces desterrado y recorrió las diversas regiones del imperio que tuvo asi facilidad para conocer. Murió el 479. Hacia el 446 se consagró un templo a sunombre que fué seguido después por otros muchos en todas las ciudades más importantes de las diversas provincias. La filosofía de Confucio crea en las almas el deseo de una vida vivida en la virtud y en la justicia.

Confucio no pretendió llam ar a los hombres a las meditaciones metafísicas: su pensamiento es más bien un llamamiento a la vida vivida según las leyes inmanentes de la naturaleza humana práctica, posible indistintamente a todos. La concepción de la vida en la filosofía confuciana es' individual-, social y política al mismo tiempo. La organización o actividad de un Estado que ha de ser fundado rigurosamente sobre los deberes sacrosantos de todo miembro, no puede pretender una moral dualista individual-politica, como se practicaba ampliamente en su tiempo en las luchas políticas entre los Estados y pasar los límites del orden existente y huir a la censura severa de la conciencia. Ya que tanto el individuo como el Estado tienen el mismo deber de la realización del amor y de la justicia. En una época en que las antiguas instituciones se encontraban en plena disolución, él, conocedor de las tradiciones, mirando a la belleza clásica, sostuvo una lucha dura y peligrosa por más de cuarenta años, enseñando y peregrinando por sus ideales de restauración y de un régimen de justicia y de amor.

La posición de Confucio fué la de un pensador que no pretende elaborar su doctrina en un sistema completo ni siente la necesidad de formularlo a pesar de su íntima convicción y práctica. Ante el grandioso espectáculo de la naturaleza admiraba la elocuencia silenciosa del Cielo. Tenía la clara conciencia de que el cielo le había confiado como a todos los hombres la misión de continuar la doctrina de las virtudes que habían desaparecido del mundo político. Todo lo que sucede, sucede por la voluntad del Cielo, la cual domina la vida y la muerte" y no va tras del amor o el odio humano. Confucio tuvo el mérito de haber dado cimiento a la religión tradicional; pero ligando con demasiado rigor la prosperidad del pueblo a la observancia de los ritos prescritos por la religión oficial, fijó ésta'en una inmovilidad que ha durado dos mil años.

4. Moral. - Así, pues, el Cielo como dador de la ley cósmica y de la ley moral, el culto de los antepasados, que perpetuaron la observancia de aquella ley, los ritos que garantizan su eficacia y perpetuidad, son los tres fundamentos en que se basa la moral de Confucio, esto, es, la moral tradicional de China, la cual se puede reducir a la observancia de estos cinco puntos fundamentales: a) considerar la humanidad como una gran familia a cuyos miembros se debe benevolencia y respeto; b) respetar la justicia dando a cada uno lo que le es debido; c) mantener el equilibrio del espíritu recibiendo con igual indiferencia las alabanzas o los reproches; d) observar la piedad filial, especialmente en los ritos debidos a los antepasados; e) profesar para con los demás la rectitud, sinceridad y buena fe. Con la observancia de estos preceptos se asegura la mayor armonía del individuo en la familia, de las familias en el Estado, del Estado en el equilibrado ejercicio de su jurisdicción sobre el pueblo, asegurando asi la paz y la prosperidad del país.

5. El neoconfucianismo. - Surge en China después de la represión de la religión china tradicional ordenada por el emperador Ts'inT che-huang para abolir, contra los confucianos fieles a las tradiciones antiguas, el sistema feudal e inaugurar en su lugar el imperio unitario. Los libros sagrados fueron quemados o dispersos, 4 6 0 personas fueron muertas; pero la dinastía Han que sucedió en el 2 0 6 a la precedente restauró el c.rel cual dió mayor relieve a la persona y enseñanza de Confucio, considerado como el padre de la civilización china. Sus adversarios han sido el taoísmo y el budismo, pero del primero aceptó la teoría cosmológica y del segundo el relieve dado a la psicología según el vehículo mahayánico. Fueron los corifeos del neoconfucianismo en el s. x i los dos hermanos Tcheng, que se pueden considerar sus fundadores; en los tiempos modernos K’ang-yu-wai (m. 1927), el cual, hostil al cristianismo, aunque impregnado de pensamiento occidental, trató de presentar a Confucio como fundador de una religión universal, describiéndole como un enviado de la divinidad para levantar al pueblo de su miseria.

Pero la revolución china de 1911,.con la supresión del culto del cielo (1914) y con la abolición del examen estatal para la colación de los empleos públicos, ha quitado al neoconfucianismo su posición de privilegio; a pesar de la penetración de las doctrinas comunistas, vive sin embargo en la vida moral del pueblo.

6. Estadística. - Los confucianos, según el cálculo del abate D’Espierres publicado en la Guida delle Missioni Cattoliche (Roma, 1934), son 350.600.000, distribuidos de esta manera: en Asia, 360.000.000; en Norteamérica, 600.000. Pero hay que tener en cuenta el hecho de que el cómputo preciso no es posible dada la compenetración de las tres religiones dominantes en China: c., budismo y taoísmo. Dur.

7. Datos críticos. - En lo que se refiere a los elementos tomados al budismo y al taoísmo, v. las voces correspondientes. En sí considerado el c., hablando propiamente, no es ni una religión ni una filosofía, sino un cuerpo de doctrinas, que ha tenido durante dos milenios para millones de chinos el puesto de la religión y de la filosofía. Confucio no se proclamó jamás ni fundador de religión ni mucho menos Dios; en su lecho de muerte llegó a confesar que su misión había fracasado. Su pensamiento religioso es el de los antiguos que veneraban un ser suprem o; la interpretación atea y racionalista dada a su doctrina es del s. x n y se debe a Chu Hsi, 1130-1200. Ciertamente su ética (Confucio, como en general todos los chinos, se sentía llamado por la vida práctica más que por la metafísica) se distingue por sunobleza y perfección hasta llegar al concepto de caridad negativa. Si en esto podemos ver conservada, aunque con alguna laguna, una vasta huella de la reveladon primitiva hecha por Dios a los hombres, no podemos menos de reconocer que esta primitiva revelación se ha ido manchando, aun en los más nobles espíritus, a medida que se perdía de vista la fuente.

La poligamia se admite expresamente; más aún, se recomienda para tener prole masculina. Ciertos excesos en el culto de los antepasados, como ofrecerles alimento, como si viviesen aún una vida material, están teñidos de ridículo. Confucio no sabe pronunciarse sobre la naturaleza buena o mala del hombre. El culto que se dió a Confucio después de su muerte al principio no salió de las fronteras del principado de Lu; sólo después de más de 500 años se extendió a toda la China y más de un milenio después se comenzaron a erigir en su honor salones abusivamente llamados templos. Sobre el carácter religioso o civil de los honores dados por los chinos a Confucio se ha discutido mucho desde los tiempos del gran misionero P. Mateo Ricci, S. I.. que se encontró a fines del s. xvi frente a este problema. Al P. Ricci le pareció que el c. no era una religión propiamente dicha, sino una academia políticoliteraria, y que los honores dirigidos a Confucio eran honores sólo civiles, por lo tanto lícitos a los cristianos neoconvertidos. Otras órdenes misioneras pensaron de distinta manera.

La cuestión, unida a la de los ritos chinos" tuvo solución reciente en el sentido indicado por Ricci después de que muchos hombres de gobierno subrayaron el carácter meramente civil del culto dirigido a Confucio (Pío XII, 8 diciembre 1939: AAS, 32 [1940], 25). P a l

Bibliografía

D b Q root, T he R eligiaus sy stem of China, Leyden, 1892-1912 M. G ra n e t, La religión des Chinóte, Pftris, 1922 W. E. S o o th ill, The T hree R eligions in China, Oxford, 1923 L. W ieger, H istoire des croyances rcliqieuses et des opinions philosophiques en Chine, 3 e d.. H le n - hle n, 1927 M. M. D a wis o n, The S th ics of Confucius, Londres, 1915;
fl. A. G il e s, Con/vcianism and its R ivals, Londres, 1914 O. F rankb, S tu dien zu r G eschich te des konfuzian ischen. D ogm a and der chinesischen S taatsreligion, H&
mburgo, 1920 A. C a st e l la h i, I dialoghi di Confucio, Firenze, 1924 L. V a nnic e l l i, P ensatori cinesi, Brescia, 1945 S. LQkuang, i a sapienza dei cinesi, Roma, 1945C o nfu cio, lo scuatro libros, Barcelona, 1954 J. M a rín, China, L ao-Tszé, Confucio, Buda, Madrid.