Diccionario de Teología Moral

Cornelio Damen, C.Ss.R. (Dam.)

BAILE

Recursos

Índice interno:

1. Naturaleza ·

2. Bailes modernos ·

3. Moralidad ·

1. Naturaleza El baile es un conjunto de movimientos rítmicos con los cuales se expresan sentimientos de entusiasmo, especialmente de alegría: puede ser una representación artística ( Ballet , v. Teatro) o también un ejercicio popular. En la antigüedad, y todavía hoy, entre los pueblos primitivos la danza reviste con frecuencia el carácter de una expresión de fuertes sentimientos individuales o comunes (danzas guerreras, mágicas, religiosas, etc.; v. entre otros: Éx., 15; Jud., 11, 34; II Rey., 6, 5; 6, 14; I Par., 13, 8; Sal., 149, 3; 150, 4, etc.) o de un acompañamiento ritual de celebraciones simbólicas (folklóricas). Desde el Renacimiento una parte de la danza se destacó del elemento folklórico y religioso y se desarrolló en los círculos más elevados de la sociedad el baile de salón; durante los siglos siguientes fue democratizándose e individualizándose cada vez más.

2. Bailes modernos En los siglos XVIII y XIX se obró una gran revolución en el baile de salón, desde el punto de vista moral, cuando de la danza en la que el caballero toca sólo la mano de la dama llegó a una nueva especie en la que la pareja en un abrazo estrecho se mueve en continuos giros ( Danses tournantes ) como el vals, la polca, la mazurca, etc. Junto a esta especie se ha propagado en nuestro siglo rápidamente otro tipo de danza, de origen negroamericano, en el cual el contacto entre el caballero y la dama se extiende a menudo más o menos a todo el cuerpo (tango, fox-trot , Steps , Boston , hasta el exceso histérico del Rock-and-Roll ).

3. Moralidad El baile no es en sí un acto ilícito: es una expresión elegante de alegría y consiste, especialmente en las danzas modernas, en un goce de los propios movimientos rítmicos, suscitados por la música. Sin embargo, en toda la historia del Cristianismo, desde los antiguos Padres hasta hoy, las advertencias contra el baile han sido innumerables, porque las circunstancias de esta especie de diversión, sobre todo la proximidad de los dos sexos, encierran graves peligros para la moralidad. (Las graves prohibiciones de los Concilios de la Edad Media se refieren más bien a las danzas religiosas en las iglesias y en los cementerios.) Estos peligros pueden provenir de dos fuentes: a) carácter del baile; b) circunstancias.

a) El primer peligro puede provenir del carácter del baile. Las danzas girantes no pueden llamarse malas en sí mismas, más bien una exhibición de elegancia y de agilidad, pero pueden prestarse fácilmente a fines ilícitos o provocar sensaciones malas. Agrávase la cuestión con las danzas más recientes que por su misma naturaleza y configuración (a veces como expresión de conmociones y actos sexuales) parecen como inventadas para provocar al pecado; razón por la cual Benedicto XV las señaló como bailes «bárbaros», «a cual peor». Y añadía: «no se podría encontrar un medio más a propósito para quitar todo resto de pudor» (encíclica Sacra Propediem , 6 enero 1921). Para realizar estas danzas sin peligros morales se requiere una dedicación seria a ellas y una discreta habilidad técnica.

b) Son de importancia decisiva (fuera de las condiciones subjetivas de las personas) las circunstancias objetivas del baile: observancia cuidadosa de las reglas técnicas, tono del ambiente, música sensual, bebidas alcohólicas, vestidos, etc. (v. Impudicia). En la práctica, prescindiendo de todo otro peligro inmediato de pecar o de conmociones sexuales, un uso frecuente del baile es fuertemente reprobable, especialmente el del tipo más moderno, porque ejerce una influencia deletérea sobre la salud moral (promueve una enorme ligereza de costumbres) y psíquica (arruina los nervios y perturba a veces el equilibrio mental). Dam.

Bibliografía

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