ADVIENTO
Índice interno:
1. Significado ·
2. Historia ·
3. Ritos particulares ·
Bibliografía
Significado El significado original es: «llegada», «ingreso», «entrada»;
como se solemnizaba la entrada de un emperador romano en su ciudad, así la Iglesia quiere celebrar la llegada del Sumo Rey, Jesucristo, a su ciudad, esto es, al mundo, por su Encarnación. Además del recuerdo del nacimiento histórico, el adventus recuerda otra doble venida del mismo Salvador: su nacimiento en nuestras almas mediante la gracia y su venida en la consumación de los tiempos para juzgar a toda la humanidad. Del suceso recordado pasó este nombre al tiempo de preparación a este suceso, y así ya desde muchos siglos el a. es el tiempo en que la Iglesia trata de preparar a los fieles al gran acontecimiento del nacimiento del Salvador, y es al mismo tiempo la primera fase con que se abre el .
Considerado de esta suerte el a. representa los tiempos premesiánicos, durante los cuales el pueblo de Dios esperaba su liberación del futuro Redentor;
representa la misteriosa acción de la gracia, que forma nuestra alma a imagen y semejanza de Cristo a cuya venida nos preparamos, que nos injerta vitalmente a Él como miembros del mismo cuerpo místico a su cabeza;
representa finalmente los siglos que habrán de pasar hasta que el Hijo de Dios venga a juzgar con pleno poder a los vivos y a los muertos. Los sentimientos que inspira el a. son, pues: a) interior y exterior;
«excita en nosotros la conciencia de los pecados, que por desgracia hemos cometido;
nos exhorta a que frenando nuestros apetitos con la voluntaria mortificación del cuerpo nos recojamos en piadosa meditación y nos movamos por el deseo de volver a Dios, único que puede librarnos con su gracia de la mancha del pecado y de los males que de Él se siguen» (Pío XII, Encícl. Mediator Dei , 20 nov. 1947). Por esta razón en el culto divino se leen trozos de Isaías, S. Juan Bautista y S. Pablo, exhortando a la penitencia y al cambio de vida;
b) Ardiente deseo y grandísimo gozo por la venida del Señor, nuestro Redentor y Salvador, cuyo glorioso reino se describe en muchas lecciones, antífonas, responsorios con colores muy vivos;
este deseo se manifiesta sobre todo en los últimos siete días con aquellas solemnes antífonas que comienzan con O;
c) Devoción a María Santísima, a quien todos los días se rinde homenaje con una antífona, con la segunda oración en la Misa, con la Statio ad S. Mariam Majorem , con el Evangelio de las Cuatro Témporas y en muchos países con una Misa solemne y privilegiada, todos los días, la Misa áurea, a la que concurren numerosos fieles.
2. Historia Los orígenes del a. pueden fijarse entre los s. IV y V. La forma de la celebración litúrgica parece haber sido establecida por S. Gregorio Magno (590-604). Fijado el día de , pronto se introdujo un tiempo de preparación a esta fiesta. Ya en el s. V encontramos la costumbre de exhortar al pueblo a prepararse a la fiesta de . Perpetuo, obispo de Tours (hacia el año 480), decretó un ayuno que había de guardarse tres veces por semana, comenzando en la fiesta de S. Martín (11 nov.) hasta ;
el Concilio de Mácon (683) lo confirmó añadiendo que la Misa se celebrara según el rito cuaresmal. De las Galias pasó el a. a Inglaterra (S. Beda), a Italia y a otros países, y el ayuno o la abstinencia —que no se acostumbraban al principio— se mantuvo en muchos lugares hasta el . La Iglesia ambrosiana, lo mismo que los orientales, conservan todavía seis semanas de preparación;
el Sacramentario de S. Gregorio Magno cuenta cinco;
desde el s. IX o X la liturgia romana conserva tan sólo cuatro domínicas, comenzando con la más cercana a la fiesta de S. Andrés (30 noviembre).
3. Ritos particulares Las ferias del a. son privilegiadas por lo que se conmemoran tanto en la Misa como en el Oficio todos los días;
calla el órgano a excepción del domingo tercero ( Lætare );
no se dicen el Gloria in excelsis , el Te Deum , ni el Alleluia en los días feriados;
no se celebra la solemnidad de las nupcias;
los ministros sagrados visten (excepto la domínica Lætare ) la planeta plegada en lugar de la dalmática y tunicela, que son símbolo de alegría. El 8 de diciembre se celebra la fiesta de la Inmaculada Concepción de María, preámbulo y aurora de la . Opp.
Bibliografía
A. Baumstark, Liturgie comparée , Chevetogne-Abbaye d’Amay, 1940, p. 162-174
P. Cabrol, Avent , en DACL , I, 3223-3240 Revue Bénédictine (1905), 444-495 Revue Apologétique , 43 (1926), 271-282 45 (1927), 692-703 48 (1928), 680-710
P. Parsch, Le Temps de l’Avent , en Les Quest. Liturg. et Paroissiales , 17 (1932), 263-284
H. Bayle, Les origines de la Noël et de l’Épiphanie , Louvain, 1931
L. Eisenhofer, Compendio de Liturgia católica , Barcelona, 1957
E. Killian, El año eclesiástico , Barcelona, 1940
C. Casini, El año eclesiástico , Madrid, 1950.