Diccionario de Teología Dogmática

Pietro Parente (P. P.)

PROPASIONES

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Llámanse así las pasiones sensitivas de la Humanidad de Cristo: amor, deseo, esperanza, temor, tristeza, etc. Tales pasiones son por sí mismas parte integrante de la naturaleza humana, como funciones propias del apetito sensitivo concupiscible e irascible. Sometidas a la razón son fuerzas vivas para el bien; pero con el pecado original las pasiones se alzaron en rebeldía hasta el punto de ofuscar la razón y debilitar la libre voluntad.

Pero esta rebelión no quita la libertad y la responsabilidad de los actos propios, como pretende Lutero. La Iglesia ha definido (Conc. Trid., Ses. 5, DB, 792) que la concupiscencia proviene del pecado y excita al pecado, pero no es pecado por sí misma ni puede dañar a quien sabe resistir con la gracia de Dios.

En Cristo, como hubo verdadera pasibilidad en el cuerpo, no podían faltar las pasiones, antes el mismo Evangelio las atestigua: «Con gran deseo he deseado comer esta Pascua con vosotros» (Lc. 22, 15); «Mi alma está triste hasta la muerte» (Mt. 26, 38), etc. Pero las pasiones de Cristo estuvieron exentas de todo desorden y subordinadas a la razón, porque en Él no había pecado original, pero ni siquiera posibilidad de pecar (v. impecabilidad). Por eso los teólogos llaman a las pasiones de Cristo propasiones, en cuanto que son irreprensibles (S. Juan Damasceno: ἀδιάβλητα πάθη). Sto. Tomás precisa: Las pasiones de Cristo difieren de las nuestras, porque nunca pudieron incitar al mal, ni influir en manera alguna sobre la razón y sobre la voluntad.

Bibliografía

Sto. Tomás, , III, q. 15;
A. Chollet, , t. II;
E. Hugon, , c. IV, París, 1931;
P. Parente, , Roma, 1951;
id., , Brescia, 1950.

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