INOCENCIA (estado de)
Es la condición en que Dios puso a Adán y Eva apenas los creó.
Este estado, llamado también de justicia original, implica la gracia santificante con sus respectivas virtudes y dones infusos (orden sobrenatural), y además algunos privilegios que integraban la naturaleza humana (orden preternatural). El estado de inocencia es totalmente un don gratuito de Dios al cual no tenía el hombre ningún derecho ni capacidad ninguna activa (v. Obediencial). Dios podía dejar al hombre en el estado de pura naturaleza, es decir, de la naturaleza en su esfera propia con destino final a un fin natural. En el estado de inocencia el cuerpo y la vida sensitiva (pasiones) se hallaban sujetos a la razón por medio del don de la integridad (v. esta pal.); el alma estaba sujeta y unida a Dios por medio del don sobrenatural de la gracia, que hacía al hombre plenamente santo y justo.
El pecado era, pues, difícil en nuestros primeros padres, pero no imposible, porque no estaban confirmados en gracia ni veían a Dios directamente en su esencia, como los bienaventurados. De hecho pecaron, y su pecado, cometido a pesar de tantas gracias y luces, fue enorme.
Admitido en virtud de la Revelación el hecho de la inocencia primitiva o justicia original, los teólogos discuten acerca de la esencia de esta justicia; piensan algunos que se distingue adecuadamente de la gracia y se reduce, como decía S. Anselmo, a una natural rectitud de la voluntad. Pero la sentencia más acertada es la de Sto. Tomás, quien sostiene que: a) la justicia original es un don gratuito concedido por la liberalidad divina a la naturaleza humana; b) esta justicia implica la sujeción perfecta del alma a Dios por medio de la gracia santificante, que es el elemento formal de la misma justicia y además importa la sujeción de las pasiones, especialmente de la concupiscencia, por medio del don de la integridad, que es su elemento material; c) la gracia es la causa y la raíz de ambas sujeciones.
Bibliografía
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