ESPIRITISMO
Sistema doctrinal y práctico que pretende poner a los hombres vivientes en comunicación con los espíritus del otro mundo. La evocación de los muertos y de los espíritus ultramundanos estaba ya en uso entre los antiguos, pero en el siglo pasado, como consecuencia de un extraño episodio ocurrido a la familia Fox, de Hydesville en América (1847), la evocación y comunicación con los espíritus se convirtió en una moda ampliamente extendida y erigida en sistema bajo el nombre especioso de Espiritismo, hasta llegar a hacer de él una nueva religión.
Hoy el espiritismo es algo muy complejo y embarullado por la superposición y confusión de numerosos elementos que se han venido añadiendo a las simples experiencias de las hermanas Fox. No son sólo ya las mesas parlantes con su lenguaje de golpes (tiptología), sino escrituras misteriosas, fenómenos luminosos, levitación, formación y materialización de fantasmas, adivinación, etc. Y como apoyo de estos fenómenos están las teorías del magnetismo, del hipnotismo, del sonambulismo, de la telepatía, del perispíritu, del od, de la reencarnación, etc. Esfuerzo enorme para dar un ropaje científico a fenómenos que suscitan muy fundada desconfianza. El actor principal del espiritismo es el médium, anillo de unión entre los espíritus y los mortales. Fueron célebres médiums Miss Florence Cook, que trabajó con el científico Crookes, y la italiana Eusapia Paladino.
Está probado que el fraude y la impostura han tenido gran parte en los fenómenos espiritistas: al fraude de los médiums se ha unido la credulidad y sugestión del público. Queda, sin embargo, un núcleo de hechos ciertos que pueden encontrar su explicación en las fuerzas de la naturaleza (magnetismo, vibraciones musculares, telepatía, etcétera). Desde el punto de vista moral, el espiritismo presenta con frecuencia sombras reprobables, además de que su práctica frecuente determina desorientaciones en la conciencia y desequilibrios en la mente.
Desde el punto de vista teológico se ha de observar que la pretendida comunicación con los muertos y con los espíritus, prescindiendo de las imposturas, no se puede sustentar. En la Biblia y en la hagiografía cristiana nos encontramos con casos de muertos, Ángeles y demonios que se han aparecido a los vivientes para aconsejarles, advertirles, ayudarles, tentarles o castigarles. Pero tales comunicaciones se desenvuelven siempre en una atmósfera de seriedad, en que domina la voluntad de Dios que lo dispone o permite. En cambio, el espiritismo es un espectáculo de exhibicionismo, a menudo grotesco, que repugna a la santidad de Dios, a la dignidad de los Ángeles y de los espíritus desencarnados. Queda solamente la posibilidad de una intervención diabólica para aquellos fenómenos que acaso no encuentren una explicación natural.
Por todas estas razones se comprenderá por qué la Iglesia, sin pronunciarse sobre la naturaleza de los fenómenos, permite con las debidas cautelas el uso del magnetismo y del hipnotismo, pero prohíbe cualquier participación en las sesiones espiritistas por su carácter supersticioso y por los peligros que en ellas puede encontrar el cristiano contra la fe y las buenas costumbres. Cfr. Decr. del Sto. Oficio, 24 abril 1917 (AAS, 1917, 1 junio, p. 238).
Bibliografía
C. M. Heredia, , Nueva York;
L. Roure, , París, 1923;
P. M. Mariotti, , Turín, 1921;
G. B. Alfano, , Nápoles, 1932;
P. J. Grébon, , Turín, 1934. * C. M. Heredia, , Barcelona, 1946;
Palmás, , Madrid.