DIACONADO
(gr. διάκονος = sirviente): Es la segunda en línea ascendente de las órdenes mayores (v. Orden).
Es de institución divina, como se prueba por la Sda. Escr. (Hechos 6, 1 ss.; Filip. 1, 1; I Tim. 3, 8-13), y mejor todavía por la Tradición. A los Diáconos se les reservaron en la antigüedad muchas funciones, incluso de orden económico y jurisdiccional, por lo que su posición fue muy venerada y dio ocasión a algunos para enorgullecerse y mostrar una actitud poco reverente para con sus Obispos. Al primero de los Diáconos, el arcediano, confiaba en Roma el Papa moribundo los bienes de la Iglesia para que los transmitiera a su sucesor.
El poder de los arcedianos se hizo, como consecuencia de esto, tan exorbitante que llegó a dificultar gravemente la vida eclesiástica, por lo que el Concilio de Trento, después de haber reconocido ampliamente los méritos contraídos con la Iglesia, los redujo a meras dignidades capitulares.
De los múltiples oficios del Diácono, el Pontifical Romano ha conservado solamente tres: servir al sacerdote o al Obispo en el altar, bautizar y predicar.
Bibliografía
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