CAUSALIDAD (de los Sacramentos, Modo)
La fe enseña que los Sacramentos son verdaderas causas instrumentales que producen «ex opere operato» (v. e. p.) la gracia, pero deja libre la discusión sobre la naturaleza íntima de tal causalidad. Los teólogos en el curso de siete siglos han pronunciado muchas sentencias, que con una gama variadísima de detalles suben del minimismo nominalista al realismo de Sto. Tomás.
Guillermo de Auxerre seguido de los Occamistas afirmó que los Sacramentos son causa de la gracia porque, por una especie de armonía preestablecida, al rito puesto externamente por el ministro corresponde siempre la íntima acción de Dios, que infunde la gracia. Es éste una especie de ocasionalismo sacramental que despoja a los Sacramentos de la dignidad de verdaderas causas eficientes. Fue totalmente abandonado después del Concilio de Trento.
El Cardenal Lugo, con muchos Jesuítas y Escotistas, defiende que los Sacramentos como ritos dignificados por la sangre de Cristo mueven moralmente a Dios a comunicar la gracia. Ésta es la conocida teoría de la causalidad moral, tan brillantemente sostenida en el siglo pasado por el Cardenal Franzelin, que hoy, sin embargo, miran con indiferencia la mayor parte de los teólogos, porque, aun prescindiendo de la dificultad de concebir la dignificación de un rito por parte de Cristo sin influir directa y realmente en él, parece que muda los Sacramentos del orden de la causalidad eficiente al de la causalidad final, así como tampoco parece salvar perfectamente la razón de causa instrumental.
El Cardenal Billot, con algunos discípulos (Van Noort, Manzoni), defiende que los Sacramentos son causas eficientes intencionales. Pero, según los principios de aquella filosofía que tan en el alma llevaba el eminente teólogo, la causalidad intencional, propia del signo, es de índole formal: por lo tanto, no parece lógico afirmar que los Sacramentos son causas eficientes y formales de la gracia.
Capreolo, con algunos antiguos intérpretes de Sto. Tomás, sostiene que los Sacramentos son verdaderos instrumentos físicos, que bajo el influjo de Dios producen en el alma no la gracia santificante (que ya estaba creada y, por lo tanto, es solamente producible por Dios), sino una especie de «ornatus» o disposición exigitiva de la gracia. Aparte de sus muchas incongruencias, este sistema parece chocar con los datos de la Revelación, que presenta constantemente los Sacramentos no como disposiciones a la gracia, sino como verdaderas causas de la misma gracia.
Sto. Tomás enseña que los Sacramentos son causas instrumentales que bajo la moción del agente principal, es decir, de Dios, llegan con un influjo real y misterioso a producir la misma gracia santificante (causalidad físico-perfectiva). Esta doctrina, que no hace más que traducir al lenguaje filosófico las terminantes expresiones de la Escritura y de los Padres, armoniza con otras muchas partes del sistema teológico construido por el Doctor Angélico y ha logrado siempre la aceptación de los más ilustres teólogos.
Bibliografía
Sto. Tomás, v. pal. precedente;
A. Van Hove, , en «Divus Thomas» (1930), 305-324;
J. B. Franzelin, , Roma, 1911, p. 108-125;
L. Billot, , Roma, 1931, I, p. 102-141;
M. Gekens, , Roma, 1935;
F. X. Marquart, , en «Revue Thomiste», 1937, 40 ss.;
A. Malta, , en «Angelicum», 1938, 337, 366;
A. Piolanti, , Roma, 1951, pp. 38-54. * S. Th. S., IV, , Madrid, 1951.