ATRIBUTOS (de Dios)
Por una parte, la mente humana, considerando las diversas perfecciones de las criaturas, fórmula diversos conceptos, que atribuye a Dios analógicamente (v. Analogía), como, por ej., la bondad, la justicia, la omnipotencia. Por otra parte, la Revelación nos presenta muchos nombres de Dios (el Creador, el Santo, el Eterno...). Los atributos son propiedades que se atribuyen a Dios en su esencia (atributos estáticos) o en sus operaciones (atributos dinámicos). Tales atributos, múltiples y diversos, se oponen a primera vista a la divina simplicidad (v. esta pal.), de donde surge el dilema: o los atributos tienen un valor real, ontológico, y entonces Dios ya no es simple; o no tienen valor real, y entonces toda la Revelación y la Teología se reducen a un vano juego de palabras.
El problema está en determinar la distinción entre la esencia y los atributos, y la distinción mutua entre los mismos atributos. La distinción se opone a la identidad y puede ser real o lógica, según que dos cosas sean distintas por sí mismas, ontológicamente (como, p. ej., el alma y el cuerpo, o el cuerpo y una de sus partes, o la persona y sus cualidades); o que sean distintas sólo en nuestra mente como conceptos (p. ej., la misma persona considerada como médico, como artista, como ciudadano es realmente el mismo sujeto bajo tres distintos aspectos lógicos). La distinción lógica o de razón puede ser puramente tal, como, p. ej., cuando indico la misma persona con dos nombres distintos: Tulio y Cicerón, y entonces se llama «rationis ratiocinantis». Pero puede tener, aun siendo lógica, un fundamento en la realidad ontológica y entonces se llama «rationis ratiocinatae»; p. ej., entre el cuerpo viviente y su vida.
En Dios, excluida la distinción real (v. Simplicidad) se suele admitir la distinción lógica con fundamento real. Los atributos divinos son lógicamente distintos entre sí y con la esencia, porque importan conceptos formalmente diversos, como son la justicia y la misericordia; mas no son puros conceptos, porque a ellos responde una realidad verdadera, la esencia infinita de Dios, que en su simple actualidad trasciende nuestro entendimiento finito y contiene de manera eminente todas las perfecciones significadas por aquellos atributos. Dada la máxima simplicidad divina todo atributo incluye a los demás. Otra cosa son las propiedades de las divinas Personas, que exigen distinción real, pero relativa, no absoluta (v. Trinidad, Relaciones, Nociones).
El Magisterio de la Iglesia enuncia varios atributos divinos, especialmente en el IV Conc. Lateranense y en el Conc. Vatic.: Dios uno, verdadero, eterno, inmenso, inmutable, omnipotente, perfectísimo, etc.
Bibliografía
Sto. Tomás, , I, q. 13;
Garrigou-Lagrange, , París, 1928, p. 513 ss.;
íd., , Roma, 1923;
P. Parente, , Romae, 1949, p. 110 ss. • Dalmau, , t. II, Madrid, 1952.