ASCÉTICA-ASCETISMO
(gr. ἀσκέω = me ejercito): La Ascética es la ciencia de la perfección cristiana. Se funda sobre el dogma, del que saca vitalidad y luz; supone la moral y la sobrepasa, conduciendo al hombre de la observancia de la ley a la de los consejos evangélicos (pobreza, castidad, obediencia); se distingue de la mística (v. esta pal.), de la cual es una preparación.
El Ascetismo consiste en el ejercicio de las virtudes cristianas para conseguir la unión del alma con Dios en cuanto es posible en esta vida. Los griegos conocieron una ascesis física (atletismo) y una ascesis intelectual y moral como fue, p. ej., la de los estoicos y de los neoplatónicos, para liberar el espíritu de los vínculos de las pasiones y de las cosas materiales.
El Ascetismo cristiano lo define el mismo Cristo al invitar a la renuncia, a la abnegación y a la lucha por la conquista del cielo. Los Apóstoles y los Santos de todos los tiempos comprendieron la lección y la actuaron plenamente imitando el ejemplo de Jesucristo.
Sto. Tomás (Summa Theol., II-II, q. 24, a. 9) ha traducido en un esquema que se ha hecho clásico todo el Ascetismo cristiano. El Ascetismo según el Aquinate tiende a hacer perfecto al hombre en sus relaciones con Dios; esta perfección se madura por vía de amor en tres fases consecutivas: 1.ª, la de los principiantes, que consiste en desasirse del pecado, reprimiendo las pasiones, especialmente la concupiscencia (y a esto se ordena el ejercicio de la mortificación del cuerpo y de los sentidos); 2.ª, la de los proficientes, o sea de los que van progresando en el bien (fase positiva) con el ejercicio de todas las virtudes bajo el impulso y dominio de la caridad; 3.ª, la de los perfectos, propia de los que habiendo triunfado del pecado son dueños de sí mismos, teniendo sometidas sus pasiones, y consiguientemente se adhieren a Dios con el fervor de la caridad y pregustan en Él la felicidad del Paraíso. Estos tres grados se denominan también las tres vías: purgativa, iluminativa, unitiva. Son un admirable tratado ascético los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola.
Se ha dicho ligeramente que el Ascetismo cristiano mortifica y deprime el espíritu, envilece al hombre y le aparta de la vida; la respuesta más eficaz es la simple enumeración de los grandes ascetas, que, elevados a las más altas cumbres de la perfección cristiana, supieron imprimir nuevas orientaciones en la vida de los pueblos: recuérdese a S. Benito, S. Bernardo, S. Francisco de Asís, Sto. Domingo, Sta. Catalina de Sena, S. Ignacio, Sta. Teresa.
El Ascetismo cristiano regulado por el control vigilante de la Iglesia tiene una estructura y fisonomía propia, que le hace inconfundible con las formas extrañas al cristianismo, aunque no sea más que por el perfecto equilibrio entre lo humano y lo divino, lo natural y lo sobrenatural. Puede entenderse también por Ascética aquella parte de la Teología que trata de la perfección cristiana.
Bibliografía
A. Saudreau,
, París, 1924;
A. Stolz, , Brescia, 1943;
«Ascétisme», en , y , II, col. 87 ss. • Naval, , Madrid, 1948.