ANALOGÍA
(del gr. ἀνάλογος = semejante, proporcionado, relativo a otro): Es una relación entre dos cosas o por razón de semejanza o por razón de dependencia causal.
La analogía es la base y el alma de todo el lenguaje humano: el hombre razona y conoce por medio de comparaciones y cotejos, porque el entendimiento por su natural tendencia a la unidad se inclina a descubrir los vínculos y relaciones entre las cosas diversas para superar su multiplicidad.
Aristóteles intuyó la importancia de la analogía y fijó sus leyes fundamentales (v. VII, Physic., IV, 11; Poster. Anal., II, cc. XIII y XIV; Ethic. ad Nic., I, c. 6; Metaph., IV, c. 1; X, c. 1; XII, c. 4). A Sto. Tomás le llevó al estudio profundo de la analogía la necesidad de defender el valor de nuestro conocimiento acerca de las cosas divinas contra la corriente agnóstica de la filosofía judaica medieval (Rabí Moisés Maimónides). Según Sto. Tomás, supuesto que Dios es la causa del mundo, debe existir entre el uno y el otro una relación de semejanza que oscila entre un mínimo y un máximo, pero de modo que la criatura no llegue a ser tan semejante a Dios que alcance una identidad formal (univocidad), ni tan desemejante que sea totalmente extraña a Él (equivocidad).
Esta relación de semejanza entre el Creador y la criatura se llama analogía de atribución cuando consiste en la simple relación de efecto a su causa (p. ej.: entre la materia y Dios), sin una razón de semejanza intrínseca. Pero si esa relación incluye, además de la subordinación causal, una semejanza formal entre la criatura y Dios, entonces se llama analogía de proporcionalidad. Basados en esta última analogía podemos atribuir una perfección creada, p. ej. la bondad, a Dios y al hombre según el mismo concepto formal, pero según diversos modos, porque el hombre participa de la bondad divina imperfectamente, en tanto que Dios es la misma bondad. En todo caso las perfecciones de las criaturas han de ser purificadas de toda imperfección antes de ser atribuidas a Dios. De esta manera formamos muchos conceptos de Dios según las perfecciones de las cosas creadas por Él, y aunque todos estos conceptos no expresan adecuadamente la divinidad, no son sin embargo falsos, porque como a las múltiples perfecciones creadas responde un solo principio perfectísimo imperfectamente representado por las criaturas, así a los diversos conceptos que nosotros formamos de las cosas responde una sola forma suprema imperfectamente expresada.
El proceso analógico se desarrolla en tres fases: 1.ª, afirmación: Dios es bueno (porque son buenas las criaturas); 2.ª, negación: Dios no es bueno (a la manera de las criaturas); 3.ª, eminencia: Dios es la misma bondad (de un modo trascendente).
La analogía domina también en el campo de la Revelación, donde los misterios incomprensibles se expresan en fórmulas analógicas tomadas del lenguaje común (analogía natural); existe además la analogía sobrenatural o de fe, que consiste en comparar los misterios entre sí, para conseguir una mejor inteligencia de ellos, como afirma el Conc. Vaticano, ses. III, c. 4 (DB, 1796).
Bibliografía
Sto. Tomás, Summa Theol., I, q. 13.
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J. Le Rohellec, Problèmes philosophiques, Paris, 1933.
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Solages, Dialogues sur l’analogie, Paris, 1948.
Hellín, J., La analogía del ser y el conocimiento de Dios en Suárez, Madrid, 1947.