Diccionario Bíblico

Angelo Penna; Francesco Spadafora

SÁBADO

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Del hebr. sábbāth , para indicar el último día de la semana, dedicado al Señor con ritos especiales. Aunque no sin oposición de los judaizantes (Col. 2, 16), ese carácter del sábado pasó en el cristianismo al domingo, que también fué considerado como último día de la semana. No hay paralelo alguno en los textos babilónicos: en un texto del segundo milenio, el séptimo día es considerado como consagrado al planeta Saturno (= Sakkûth ); pero de otras fuentes se desprende que se trata de un día nefasto ( úmú limmú ), durante el cual se ofrecían sacrificios expiatorios a los dioses. La institución del sábado como día de descanso y día sagrado es exclusiva de la religión hebrea; así que tal institución era signo, es decir, indicio y manifestación de las relaciones particulares entre Dios y su pueblo, del cual era característica exclusiva (Ez. 20, 20); F. Spadafora, Ezechiele , 2.ª ed., Torino 1951; p. 162 s.). Con el fin de inculcar la observancia de tal institución antigua, Moisés dispuso artísticamente la creación distribuyéndola en seis días (Gén. 2, 3; Ex. 20, 11; 31, 17). La ley del sábado está compendiada en el tercer precepto del Decálogo, con la obligación genérica del descanso.

Entre las particularidades: en Ex. 34, 21, se vedan el arar y el segar; (Ibíd. 35, 2 s.), encender el fuego: en Jer. 17, 21-27; Am. 8, 5; Neh. 15, 15-22 se supone la prohibición de frecuentar el mercado.

Después de la cautividad la observancia del sábado se muestra severa; cf. Esd.-Neh.; I 520AMac. 2, 32-41; II Mac. 8, 26. Los fariseos (cf. en la Mišnah el tratado sobre el sabbāth ) la convierten en obsesión en virtud de una casuística de leguleyos (Mt. 12, 1 ss.; Lc. 13, 10 ss.; 14, 1-6; Jn. 5, 8 ss., etc.). Contra ellos apela Jesús al verdadero sentido de la ley, que se da para utilidad de los hombres y no para atormentarlos (Mc. 3, 28). Núm. 28, 9 establece para el sábado un sacrificio de dos corderos de aquel año que no tengan mancha. En Ez. 46, 4, en la reconstrucción alegórica del futuro, la ofrenda es de seis corderos y un carnero.

En la diáspora, al menos en períodos posteriores, se celebraban reuniones en las sinagogas en las que se tenían oraciones especiales (cf. Act. 13, 14 s.; 15, 21; 16, 13). En realidad, ya desde el principio predomina siempre en el sábado el concepto religioso. El descanso del sábado es una especie de ofrenda que el pueblo hace a Dios (Ex. 16, 23; 20, 10; Lev. 23, 3; Dt. 5, 14). [A. P. - F. S.]

Bibliografía

J. Hehn, Siebenzahl und Sabbat bei den Babyloniern und im A. T. , Leipzig 1907. Id., Der israelitische Sabbat , Münster 1909. F. Nötscher, Biblische Altertumskunde , Bonn 1940, p. 350 ss. B. Celada, en Sefarad , 10 (1950) 3-25
12 (1952) 31-58.

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